En el mismo diario José Aguilar escribe el artículo que sigue:
Nunca es bastante
El alcalde de Estepona, Antonio Barrientos, es el sexto regidor municipal mejor remunerado de España, solamente por debajo de los alcaldes de Madrid, Barcelona y otras ciudades notables. La Fiscalía Anticorrupción sostiene -ya veremos si con pruebas sólidas- que a Barrientos su salario legal no le ha resultado suficiente y que por eso ha liderado una trama de corrupción en su municipio, junto a varios concejales, funcionarios y empresarios. Las acusaciones son de tráfico de influencias, cohecho, prevaricación y blanqueo de capitales, y el modus operandi, el ya conocido: venta de terrenos públicos a bajo precio, recalificación posterior y consiguiente pelotazo a cambio de comisiones. "Unos cuantos han confundido lo público con lo privado para enriquecerse", dijo el alcalde cuando saltó la Operación Malaya. Ayer salió esposado de su casa bajo sospecha de eso mismo, de confundir lo público con lo privado para enriquecerse.
En la columna amiga de abajo tienen una reflexión certera sobre los aspectos políticos del caso de Estepona, la absoluta falta de reflejos de los gobernantes y la basura éticamente contaminante que se expande cuando se enfoca de manera partidista un fenómeno de raíz tan profunda como el gilismo. Estos fangos de hoy se han venido formando con el lodo de muchos años. La codicia no se puede erradicar de la condición humana, sólo cabe combatirla desde el principio con radicalidad, afecte a los nuestros o a los otros, haga ganar o haga perder alcaldías, genere crisis de partido o la cierre bajo la premisa de que es preferible ponerse una vez colorado que ciento amarillo.
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