Pasqual Maragall, apuntava fa poc la necessitat de modificar el sistema de partits. “¿En EE. UU. quién elige a los candidatos? La gente. ¿Se hacen listas cerradas? No. En cambio, aquí el aparato del partido decide que el número 1 es fulano y el número 2, mengano y si tú te portas bien, irás en el número 3, y tú, ojo con lo que dices o verás… Es un sistema cerrado y burocrático. Los demócratas norteamericanos pueden elegir entre el candidato Obama y la candidata Clinton. La relación entre representantes políticos y ciudadanos no es tan indirecta, hay más libertad.”
.......
Contemplant la realitat política que ens envolta, l’observador atent s’adona que el “rol participatiu” tradicional ha desaparegut, però també el de les forces polítiques que hi eren a l’origen, d’ací que el desafiament a què ens hem d’enfrontar si no volem convertir la vida política en una tasca exclusiva de professionals que no responen dels seus actes sinó davant ells mateixos, és de cercar models de ciutadania política que s’adaptin a les necessitats de la nostra època i que creïn sistemes i institucions que ens permetin participar.
A tall d’exemple, apuntaré algunes propostes, tant de caràcter participatiu com representatiu, que, segons crec, podrien contribuir a fer que la democràcia no acabi esdevenint una caricatura;
1. S’hauria d’anar a unes eleccions més directes que indirectes (avui totes són indirectes), amb un sistema presidit per l’equilibri de poders entre el qui governa (l’alcalde, el president del Consell, de la Comunitat Autònoma o del govern de l’Estat) i els parlaments o les corporacions que el controlen.
2. S’hauria de treure força als partits i a les seves cúpules, permetent les llistes obertes i fins la possibilitat que l’elector mescli persones de diverses llistes. Això reforçaria la personalitat dels polítics davant l’aristocràcia (sovint mediocre) dels dirigents.
3. S’haurien d’afavorir els petits districtes (cas del senat a Menorca), que permeten conèixer millor i d’una manera més directa els candidats.
4. Convindria establir eleccions a doble volta. Només els candidats amb majoria absoluta sortirien elegits a la primera. Això implicaria que a la segona fossin els electors els qui escollissin la resta, amb la qual cosa s’evitarien els pactes postelectorals, fets sovint per satisfer interessos personals dels candidats (o dels partits).
5. S’haurien de possibilitar mecanismes d’intervenció de la ciutadania en el camp municipal i autonòmic a través del dret de presentar mocions que (sempre que compleixin els mínims que fixés la llei –actualment això la llei no ho contempla-) forçosament haurien de ser preses en consideració. I fins s’haurien de poder forçar consultes populars (sempre que ho sol·liciti un mínim de persones que ha de fixar la llei –per exemple un 10 per cent dels electors censats-, el resultat de les quals hauria de ser vinculant per a la corporació sempre que acudís a votar un mínim d’electors, que també hauria de fixar la llei –per exemple un 50 per cent dels censats en el municipi, l’illa, o bé la comunitat).
Potser així, combinant reformes en el camp de la representació i de la participació la democràcia milloraria.
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jueves, 17 de mayo de 2007
democracia representativa y democracia participativa
Interesantes propuestas de Josep María Quintana en su blog, para la reforma de las reglas de "nuestra democracia" en materia de representación y participación:
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democracia participativa,
democracia representativa
miércoles, 9 de mayo de 2007
la paideia
Castoriadis, en su debate con el MAUSS:
¿qué significa la libertad o la posibilidad de participación de los ciudadanos, el hecho de transcender el anonimato de una democracia de masas, si no existe en la sociedad de la que hablamos algo -que ha desaparecido en las discusiones contemporáneas- que es la paideia, la educación de los ciudadanos? No se trata de enseñarles aritmética, sino de enseñarles a ser ciudadanos. Nadie nace ciudadano. ¿Y cómo se convierte uno en ciudadano? Aprendiendo. ¿Como se aprende? En primer lugar, mirando la ciudad en que uno se encuentra. Y no mirando la televisión que se mira hoy. Esto es parte del régimen. Hace falta un régimen de educación. Por supuesto, hace falta también un régimen económico.
Si los medios de comunicación de masas están, en tal o cual país, en manos de un Berlusconi o de un Bouygues, cabe preguntarse donde se encuentra la libertad de información, y si no se ve terriblemente reducida. No se combate, no se reprime policialmente, claro, sino por medios infinitamente más eficaces que los policiales. Como prueba, el brusco cambio ocurrido en los paises del Este a partir del momento en que desapareció oficialmente la dictadura. Antes había un interés por la política, ahora no hay nada. ¿Por qué? Porque se han occidentalizado inmediatamente. No se han occidentalizado en ningún otro plano, pero se han occidentalizado en el plano de la cretinización cívica. Al instante. En quince días. Tres meses después de la caida del muro de Berlín hubo elecciones. Los que habían luchado contra el régimen obtuvieron el 0,40 % de los votos, los que disponían de las televisiones del Oeste, sobre todo Kohl y los cristiano-demócratas obtuvieron la mayoría. Ahora se han vuelto las tornas, pero por motivos que tampoco son satisfactorios.
Por lo tanto, para mí, la democracia es un régimen. Acabo de escribir, por cierto, un texto contra Habermas y otros que se titula La democracia como procedimiento y como régimen, donde digo que la democracia entendida como procedimiento no quiere decir nada, porque incluso este procedimiento no puede darse como procedimiento democrático si no existen disposiciones institucionales que lo permitan como régimen; y esas disposiciones institucionales comienzan por la formación de los ciudadanos, y continuan con las modalidades que permiten fomentar una participación máxima en la vida política, colectiva, etc.
Si los medios de comunicación de masas están, en tal o cual país, en manos de un Berlusconi o de un Bouygues, cabe preguntarse donde se encuentra la libertad de información, y si no se ve terriblemente reducida. No se combate, no se reprime policialmente, claro, sino por medios infinitamente más eficaces que los policiales. Como prueba, el brusco cambio ocurrido en los paises del Este a partir del momento en que desapareció oficialmente la dictadura. Antes había un interés por la política, ahora no hay nada. ¿Por qué? Porque se han occidentalizado inmediatamente. No se han occidentalizado en ningún otro plano, pero se han occidentalizado en el plano de la cretinización cívica. Al instante. En quince días. Tres meses después de la caida del muro de Berlín hubo elecciones. Los que habían luchado contra el régimen obtuvieron el 0,40 % de los votos, los que disponían de las televisiones del Oeste, sobre todo Kohl y los cristiano-demócratas obtuvieron la mayoría. Ahora se han vuelto las tornas, pero por motivos que tampoco son satisfactorios.
Por lo tanto, para mí, la democracia es un régimen. Acabo de escribir, por cierto, un texto contra Habermas y otros que se titula La democracia como procedimiento y como régimen, donde digo que la democracia entendida como procedimiento no quiere decir nada, porque incluso este procedimiento no puede darse como procedimiento democrático si no existen disposiciones institucionales que lo permitan como régimen; y esas disposiciones institucionales comienzan por la formación de los ciudadanos, y continuan con las modalidades que permiten fomentar una participación máxima en la vida política, colectiva, etc.
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