domingo, 7 de septiembre de 2008
Sobre la apología de la transición y de la democracia inexistente del diario El Mundo
jueves, 24 de julio de 2008
Vergonzoso y antidemocrático
Únicamente los confundidos, los de cerebro castrado, los antidemócratas y los sometidos y a sueldo del poder pueden felicitarse hoy, como hacen casi la totalidad de los medios de comunicación ante el acuerdo alcanzado entre Zapatero y Rajoy para renovar el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial, una auténtica desgracia para la democracia, ya que la Justicia, para que sea libre y democrática, debe mantenerse independiente y al margen de su adversario natural, que es el poder político.
La celebración generalizada ante ese acuerdo para renovar la Justicia, ante el que los demócratas deberían guardar luto, constituye el más claro signo de que la democracia española está enferma, de que demasiados ciudadanos están confundidos y de que lo poco que quedaba de democracia en España fue asesinada hace tiempo y sustituida por una oligocracia de partidos, que hoy se refuerza todavía más con ese pacto.
La sociedad española está tan contaminada por los partidos políticos y por la partitocracia que ni siquiera es capaz de saber que la Justicia española no necesita renovarse sino limpiarse, ganar la batalla de la independencia y ser verdaderamente democrática.
Por si existiera alguna duda sobre el estado de la Justicia española, ahí está la reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo según la cual el juicio contra el magistrado Gómez Liaño, que tuvo la osadía de creer en la Justicia española e investigar las presuntas irregularidades y delitos del poderoso grupo PRISA, no fue "imparcial".
La sentencia de la Corte de Estrasburgo llena de bochorno a la Justicia española en general y, especialmente a los dos grandes tribunales, el Constitucional y el Supremo, cuyo control se disputan los dos grandes partidos políticos españoles ante toda la ciudadanía, sin experimentar rubor ni vergüenza ante tamaño atentado contra la decencia y la democracia.
Acribillada por los escándalos, el prestigio de la Justicia española está en pleno declive, sobre todo después de otro acontecimiento reciente que ha llenado de indignación a la sociedad: la libertad sin cargos de los Albertos, multimillonarios que estafaron miles de millones, a los que se les señala como amigos personales del rey Juan Carlos.
La Justicia en general y, especialmente, los dos grandes tribunales españoles, el Supremo y el Constitucional, están tan contaminados por la política que muchas veces, en lugar de administrar Justicia, gestionan la intimidación, la venganza y la represión por encargo del poder político y de sus grandes aliados.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Reinos de Taifas
Tambien se apuntan algunas cifras referentes a la igualdad de los ciudadanos españoles [podría tomar nota de ello la Ministra de la Igualdad]:
El Estado de las Autonomías se ha transformado, en tan sólo 30 años, en un Estado de Taifas donde los reyezuelos políticos imponen su ley y cada día destruyen más los principios y valores que hacen posible una nación: la igualdad, la libertad, la solidaridad, la justicia, la existencia de objetivos y metas comunes y el respeto mutuo.
En el plano de la "igualdad", las autonomías españolas se han convertido en un escándalo, sobre todo si se tienen en cuenta los datos siguientes:
- Un ciudadano de Madrid, PIB/habitante 12.147 Euros
APORTA 1.243 Euros
- Un ciudadano de Baleares, PIB/habitante 12.680 Euros
APORTA 871 Euros
- Un ciudadano de Cataluña, PIB/habitante 12.040 Euros
APORTA 394 Euros
- Un ciudadano del País Vasco, PIB/habitante 11.290 Euros
RECIBE 747 Euros
Lo que significa que un ciudadano de Cataluña aporta casi cuatro veces menos que uno de la Comunidad de Madrid, y menos de lamitad que uno de Baleares, teniendo las tres comunidades un PIB/habitante similar. Lo del vasco, que en lugar de aportar recibe 747 euros, no sólo es escandaloso sino también inmoral e indecente.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Sobre la inutilidad del voto en blanco
Vía Radical.es
Si yo votara en blanco, recordaría los tiempos en los que nadie nos hacía caso o nos trataba con un desprecio y una superioridad insultantes. Hoy, en cambio, el voto en blanco puede presumir de haberse convertido en una amenaza. Tres ejemplos: a) Esquerra Republicana llama a los electores más críticos a no votar en blanco, b) el ex presidente Jordi Pujol afirma que, en la situación actual, es una opción inadmisible, y c) otro ex presidente, Pasqual Maragall, anuncia su deseo de votar en blanco.
De los tres síntomas, el más alarmante es el último, ya que se da la circunstancia de que algunos de los que militan en el voto en blanco empezaron a hacerlo precisamente por culpa de las peculiares actuaciones políticas de Maragall.
Si yo votara en blanco, no cometería el error de despreciar a los abstencionistas. Por más que se les acuse de pasar de todo, su postura es inequívocamente democrática y, en ocasiones, los que votan en blanco deciden abstenerse en función de la intensidad de su decepción y su cabreo. Para el tópico, el abstencionista es un tipo sin principios ni escrúpulos, que renuncia a su derecho a votar y prefiere tumbarse a la bartola o quedarse en la cama en lugar de participar activa y apasionadamente en la GFDLD (Gran Fiesta De La Democracia). En realidad, los motivos para no ir a votar son casi infinitos, y algunos tienen que ver con la fragilidad de la participación política y, sobre todo, con lo estéril que resulta votar a según quien.
Los que votan en blanco prefieren el gesto testimonial a la abstención porque creen que así se visualiza mejor su discrepancia. Es una visualización relativa, ya que todavía no se ha logrado que la suma de votos en blanco se traduzca en un escaño vacío, que avergonzaría a sus señorías y les recordaría la necesidad de mejorar la credibilidad del sistema.
Tal como está considerado en la legislación actual, el voto en blanco es una opción discriminada, probablemente porque así los políticos convencionales pueden seguir diciendo que se trata de un voto inútil y una extravagante frivolidad. No hagan caso: es el último intento - desesperado, demagógico y torpe- de desactivar un movimiento individualista que, convertido en colectivo, obtendrá unos resultados nada despreciables. Tacharlo de inútil es un acto de cinismo, ya que, si yo votara en blanco, recordaría las veces en las que voté unas siglas determinadas que ni respetaron sus compromisos electorales, ni actuaron en función de los intereses colectivos sino de los de su partido (por no hablar de la patológica opacidad de sus cuentas).
Para voto inútil, el que tantas veces le dimos a un diputado que luego se limitó a seguir la militarizada disciplina de partido y que, antes de votar, miraba al portavoz para saber si tenía que pronunciarse a favor o en contra (probablemente la escena más triste de la vida parlamentaria). Para voto inútil, el que tantas veces le dimos a diputados que, en momentos trascendentes, patearon ruidosamente los escaños, armaron broncas y exhibieron una falta de respeto y de educación que nunca demostraron durante sus angelicales e hipócritas campañas.
Para voto inútil, el que luego sirve para mantener posturas contradictorias, como ser oposición y gobierno al mismo tiempo, o escudarse en los pactos para justificar metamorfosis más aparatosas que las que sufría el kafkiano Gregorio Samsa (progresistas que, una mañana, se despertaban convertidos en conservadores - y viceversa-).
Puede que, en efecto, el voto en blanco no sirva para nada. Y ya asumiremos las culpas que nos echarán cuando descubran que les faltan votos para llevar a cabo sus delirios de grandeza excluyente. Y puede que, en esta ocasión - y sin que sirva de precedente-, tengamos que asumir, con deportividad y resignación, que Maragall sea uno de los nuestros.
Pero, en un contexto de renuncias y males menores, en un paisaje en el que se vota más en contra de otros que a favor de los tuyos, rodeados de mensajes que nos tratan como si fuéramos imbéciles, no deja de ser un saludable privilegio votar siguiendo, exclusivamente, los designios de tu consciencia.
6-III-08, Sergi Pàmies, lavanguardia
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retrocede el voto en blanco
Con el 98,02 por ciento del voto escrutado, en las urnas se habían contabilizado 280.335 votos en blanco (1,12 por ciento), y a ello podría añadirse las más de 20.000 papeletas de Ciudadanos en Blanco --13.752 votos (0,06 por ciento)--, de Escaños Insumisos-Demócratas Descontentos (Ei) --4.884 votos (0,02 por ciento)-- y de Alternativa en Blanco (ABLA) --2.460 votos (0,01 por ciento)--, todos ellos partidos que preconizan el voto en blanco.
Esta es la trayectoria del voto en blanco en elecciones generales, que hasta 2000 nunca había llegado representar más del 1 por ciento:
+ Marzo de 2008: 280.335 votos (1,12 por ciento)
+ Marzo de 2004: 407.795 votos (1,58 por ciento)
+ Marzo de 2000: 366.382 votos (1,58 por ciento)
+ Marzo de 1996: 243.345 votos (0,97 por ciento)
+ Junio de 1993: 188.679 (0,8 por ciento)
+ Octubre de 1989: 141.795 votos (0,69 por ciento)
+ Junio de 1986: 121.186 votos (0,6 por ciento)
+ Octubre de 1982: 98.438 votos (0,47 por ciento)
+ Marzo de 1979: 52.267 votos (0,32 por ciento)
+ Junio de 1977: 46.248 votos (0,25 por ciento)
El Voto en Blanco es un voto democratico y crítico que se utiliza para castigar a los partidos políticos y a sus representantes cuando los votantes no los consideran dignos de confianza.
Páginas defensoras del voto en blanco, como este blog, ante el grave deterioro de la democracia en España, han aconsejado a sus lectores en estos comicios que apoyen la regeneración de la democracia y han recomendado el voto a formaciones abiertamente regeneracionistas como UPyD o Ciudadanos.
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se duplica el voto en blanco en Cataluña
Un total de 56.754 electores, representantes del 1,54% del total del censo, votó en blanco en las elecciones al Congreso en Catalunya, una opción que defendió públicamente el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall.
Respecto a los comicios de 2004, la opción del voto en blanco se ha multiplicado por dos en la comunidad catalana. Hace cuatro años, fue el 0,89% del censo quien se decantó por esta opción.
Por su parte, el número de votos nulos casi se ha multiplicado por dos, al pasar del 0,32% de los votantes en 2004 al 0,54% en esta ocasión, es decir, 19.916 electores. Estas cifras corresponden al 99,2% escrutado.
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domingo, 9 de marzo de 2008
El voto en blanco: la abstención activa que gana adeptos
Fuente: Terra Actualidad - EFE 05-03-2008
El voto en blanco se convirtió en los últimos comicios municipales, celebrados en mayo de 2007, en la quinta 'fuerza política' de España, una abstención activa que cuenta en cada cita electoral con más adeptos.
Un voto en blanco es un sobre que no contiene papeleta y, en el caso del Senado, es también la papeleta en la que no se ha marcado ningún candidato.
Aunque no es cierta la leyenda de que los votos en blanco favorecen a la lista más votada, tampoco son inocuos, ya que se contabilizan como válidos.
Pueden así influir en las posibilidades que tienen las listas con menos respaldo de acceder al reparto de escaños, ya que la legislación electoral establece que es necesario superar el 3 por ciento de los votos válidos.
Insatisfacción con el sistema electoral, desencanto con las opciones políticas existentes y cientos de motivos, muchos incluso contradictorios, previsiblemente llevarán de nuevo a más de 400.000 españoles a acercarse al colegio electoral para introducir un sobre vacío en la urna.
Desde 1977 estos votos se han multiplicado por ocho en las elecciones generales celebradas hasta suponer el 1,58 por ciento de los emitidos en 2004.
Aquel 14 de marzo eligieron esta opción 407.795 votantes y más de 40.000 sufragios respaldaron las listas de la formación política 'Ciudadanos en blanco', que vuelve a presentarse en estos comicios con el objetivo de promover una modificación de la ley electoral para que el voto en blanco se traduzca en escaños vacíos.
Con similar filosofía, en varias circunscripciones competirá el 9 de marzo 'Alternativa en blanco', joven formación que se compromete a dejar en blanco el hipotético escaño que les otorguen los votantes para hacer evidente el malestar ciudadano con los partidos tradicionales.
No están solos. El cabeza de lista de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía, Albert Rivera, también se ha mostrado partidario de reformar la ley electoral para que los votos en blanco sean contabilizados como los de cualquier partido, de manera que los escaños que les correspondan queden vacíos.
En las últimas elecciones celebradas en toda España, las municipales de mayo del año pasado, se introdujeron 427.067 sobres vacíos en las urnas, el 1,94 por ciento de los votos emitidos.
Si fuera una opción política, el voto en blanco se situaría después del PP, PSOE, IU y CiU, y por delante de ERC, BNG y PNV.
Por encima de la media general se situaron Cataluña (3,13 por ciento de votos en blanco), Navarra (2,55), Aragón (2,43), Castilla y León (2,24), Asturias (2,13), Madrid (2,06), Cantabria (2) y el País Vasco (1,99).
Cerca de 90.000 votantes catalanes lideraron esta corriente y precisamente en esa comunidad dos históricos dirigentes políticos han defendido recientemente su voto en blanco ante los próximos comicios generales.
En un artículo de opinión, el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall manifestó que 'seguramente' votaría en blanco por la inconcreción de los partidos ante los temas 'importantes', como el posible fallo del Tribunal sobre el Estatuto de Cataluña o las infraestructuras en la comunidad catalana.
Por su parte, el ex presidente del Parlamento catalán e histórico de ERC Heribert Barrera animó en un acto público a los catalanistas a que se abstengan o voten en blanco, convencido de que si esas opciones fueran mayoría se convertirían en un 'revulsivo' para que la clase política catalana reaccionara frente a España.
| Terra Actualidad - EFE |
martes, 4 de marzo de 2008
la descriminación del voto en blanco
Impugnación del Voto en Blanco ante el Supremo, vía Portal Electoral y Lexur
Tres letrados han presentado ante el Tribunal Supremo un recurso especial para la tutela de los derechos fundamentales contra el decreto de convocatoria de elecciones generales para el próximo 9 de marzo, publicado el pasado 15 de enero, al considerar que su desarrollo, en cumplimiento de la Ley Electoral de 1985, supone una discriminación para aquellos ciudadanos que optan por el voto en blanco.
Los recurrentes consideran que la actual normativa electoral vulnera su derecho a la igualdad ante la ley porque el voto en blanco se encuentra discriminado frente al que se otorga a una candidatura pues, si bien reconoce la posibilidad de emitirlo, luego no lo tiene en cuenta e incluso produce además un efecto contrario a la voluntad del ciudadano, ya que su expresión electoral termina siendo asignada a los grandes partidos.
Así, argumentan que "son las grandes formaciones políticas de cada distrito o circunscripción quienes se benefician de los votos en blanco en contra de la voluntad de los votantes y en desprecio de sus derechos", ya que acaban beneficiando a aquellos "que detestan o no desean". Para demostrarlo adjuntan un estudio sobre el destino de 60 votos en blanco en una convocatoria a la que se presentan cuatro candidaturas: Los dos escaños que corresponderían al voto en blanco terminan designándose a dos candidaturas de las presentadas, concluyen.
Frente a esa discriminación por falta de igualdad de trato en los efectos que tiene el voto, abogan por permitir que los votos en blanco se utilicen como los de una fuerza política dando opción a adjudicarlos escaños en blanco.
Además, y según informa Europa Press, en el recurso planteado ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo se alega que la convocatoria electoral produce desigualdad por falta de confidencialidad del voto en blanco, ya que al entregarse un sobre vacío, se revela a la mesa electoral el sentido del voto.
El recurso ha sido planteado por los letrados Encarnación Martínez y José Luis Mazón, a los que se ha unido el licenciado en Derecho Emilio Petri. La Sala Tercera del Supremo deberá pronunciarse ahora sobre la admisión a trámite del procedimiento, lo que podría derivar, si prosperase, en una cuestión de inconstitucionalidad contra la Ley Electoral ante el Tribunal Constitucional. En caso de que su impugnación sea rechazada, los letrados anuncian su intención de llevar el caso "ante instancias internacionales competentes para enjuiciar violaciones de derechos fundamentales".
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domingo, 2 de marzo de 2008
Alfonso Lazo sugiere
Vía: Voto en Blanco
Explicada queda su confrontación con la Iglesia y con las víctimas del terrorismo. Y explicado queda el guerracivilismo y el cuidadoso diseño de la Media Memoria Histórica. Los españoles vivían reconciliados hasta que desde el poder se reabrieron las viejas heridas de la contienda; una acción maligna destinada a destruir los esfuerzos pacificadores de Adolfo Suárez y Felipe González. Gran descomponedor, ZP incluso llega a poner en peligro el concepto mismo de Justicia en un Estado de Derecho cuando detiene, o pone en libertad, según intereses electorales, a los asesinos de ETA. Personaje tal no merece un solo voto. Que pierda las elecciones pasa a ser asunto de salud pública.
No es posible aventurar en estos momentos quién ganará el 9 de marzo; pero es seguro que si gana el PSOE ganará por menos escaños de los que ahora disfruta. Una situación, en efecto, dramática, según la terminología acuñada por el presidente; porque el Gobierno va a quedar todavía más indefenso ante los chantajes nacionalistas de catalanes y vascos. Acaba de recordarlo el portavoz de Esquerra Republicana: «Si Zapatero vuelve a la Moncloa, cobraremos por adelantado nuestro apoyo». Un cobro en plena crisis económica que ZP aviva con sus promesas electorales de tirar la casa por la ventana.
De modo que quizá sean las elecciones más importantes celebradas en España desde el comienzo de la democracia. Felipe González, Suárez, Carrillo, Guerra, Almunia, Aznar con errores y aciertos fueron políticos maduros y tenían sentido de Estado. Zapatero, no: astuto, sin auctoritas, temido dentro del PSOE aunque no respetado, ignorante de la Historia de España, es rehén de los nacionalismos hasta el punto de modificar bajo cuerda la Constitución a golpes de concesiones. Cómo podemos recomponer una situación así.
Cabe primero el voto útil: la marcha del señor Z. únicamente se hace posible caso de ganar Rajoy. Es el sufragio realista: votar al PP como único camino para que Zapatero lo recorra de vuelta a casa; muchos buenos militantes socialistas, horrorizados con la deriva reaccionaria del PSOE en busca de apoyos entre el tribalismo prehistórico, lo agradecerían silenciosos. No obstante, a los viejos y convencidos socialdemócratas puede resultades duro escoger de pronto la papeleta con las siglas del PP. Para ellos se abre el voto del ideal.
Es el voto al partido contra el que la prensa áulica ha decretado silencio porque muerde los sufragios del PSOE. El partido de Rosa Díaz, de Femando Savater, de Alvaro Pombo, de Antonio Muñoz Molina, del historiador Elorza, del escultor Ibarrola... Ningún otro puede ofrecer un friso semejante de intelectuales prestigiosos; nada más alejado de los mediocres artistas de subvenciones millonarias que cantan las cejas de ZP.
Y queda por último el dignísimo voto en blanco de sobre vacío, tan democrático y tan irritante para los políticos apoltronados. En todo caso, al final, cualquier decisión es buena si terrnina restando papeletas de las urnas al peor de los candidatos."
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lunes, 25 de febrero de 2008
la abstención activa
Se puede no ejercer el derecho al voto por discrepancia con el régimen partitocrático, y más si el ciudadano no está atrapado en alguna red clientelar de la clase política, y ello se debe considerar como una "abstención activa", tanto como lo pueda ser el voto en blanco. No piensa de esa manera Juan Hernández Bravo de Laguna, de la Universidad de La Laguna, en la entrada que escribió para el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales:
Los estudios electorales identifican tradicionalmente la abstención electoral con la ausencia del ejercicio del derecho de sufragio activo, es decir, con el no acudir a votar en un proceso electoral determinado. Esta abstención electoral puede tener su origen en una discrepancia radical con el régimen político (o, incluso, con la democracia), en los que no se desea participar de ninguna forma, en un desinterés por la política o en un convencimiento de que nada puede cambiar realmente gane quien gane las elecciones, entre los principales motivos que fundamentarían esta actitud. Pero también puede ser una abstención electoral forzada por las circunstancias, por errores censales no detectados y corregidos a tiempo, por dificultades insuperables climáticas, meteorológicas o de transporte, por enfermedades, indisposiciones o accidentes, por viajes no previstos con la suficiente antelación como para hacer uso del procedimiento del voto por correo, por acontecimientos personales de índole varia. En este segundo caso, el votante hubiera deseado poder votar, y lo hubiese hecho de no haber ocurrido el error o el imprevisto que lo ha impedido. Se trata, entonces, de una abstención no voluntaria como era la anterior, de una abstención forzada, que suele ser denominada técnica y que es un componente siempre presente en toda abstención electoral. Aunque, por supuesto, es de una difícil cuantificación y sólo puede ser estimada aproximadamente, a veces utilizando algún porcentaje o coeficiente corrector sobre el total de la abstención electoral producida.
Pero, en cualquier caso, sea voluntaria o técnica, la abstención electoral que acabamos de explicitar se caracteriza por la no participación en el proceso electoral, por ser una abstención no participante, que consiste precisamente en un no hacer, en un no votar. Por esa razón, nosotros preferimos denominarla abstención pasiva (eludiendo otras posibles adjetivaciones, como sería abstención negativa, para evitar connotaciones peyorativas). Aunque, naturalmente, hemos de tener presente que utilizamos el término en un sentido muy distinto al que tendría, por ejemplo, en la expresión derecho de sufragio pasivo, derecho a presentarse como candidato y a ser elegido.
Sin embargo, la abstención electoral a la que nos hemos referido hasta aquí no agota las posibilidades abstencionistas de un potencial elector en un proceso electoral determinado. Abstenerse electoralmente no significa tan sólo no votar o no participar en las elecciones. También puede significar no expresar preferencia por ninguna de las opciones electorales concurrentes. Por supuesto, el no votar ya implica la no expresión de preferencia alguna. Pero, y aquí estaría el matiz diferencial importante, también es posible no expresar ninguna preferencia y, sin embargo, no dejar de participar en el proceso electoral, porque manifestar preferencia y votar no son ni acciones idénticas ni sinónimos. Se trata, que duda cabe, también de una abstención electoral, pero de una abstención distinta de la anterior y de otro orden, de una abstención participante, que nosotros denominamos abstención activa (eludiendo también, del mismo modo que en el caso de antes y por idénticos motivos, otras posibles adjetivaciones, como sería abstención positiva, y utilizando el término en un sentido muy distinto al que tendría, por ejemplo, en la expresión derecho de sufragio activo, derecho a votar). Esta abstención electoral ha sido tradicionalmente algo descuidada en los estudios electorales y no ha merecido la atención específica que, a nuestro juicio, requiere.
Estamos hablando, claro está, del voto en blanco y del voto nulo. Estos son los dos componentes de la abstención activa y, por consiguiente, a ellos debemos dedicar nuestra atención. El voto en blanco es una abstención activa voluntaria y, por lo demás, legítima. Es un voto que se emite desde una concepción de cumplimiento de un deber ciudadano, y hasta puede llegar a tener un componente de apoyo o identificación con el régimen político (o, incluso, con la democracia). Pero, al mismo tiempo, también es un voto que se emite desde la no preferencia (y hasta desde el rechazo) por las opciones electorales concurrentes. Forma parte, además, del voto válido o válidamente emitido de conformidad con el ordenamiento (que algunos análisis electorales confunden con el sufragio válidamente expresado a favor de alguna de las opciones electorales), y, por consiguiente, tiene que ser incluido cuando se calculan porcentajes sobre el voto válido, por ejemplo, en el caso de barreras electorales de exclusión que consistan en uno de dichos porcentajes.
El voto nulo es un voto no válido o no válidamente emitido de conformidad con el ordenamiento. Es un voto irregular, que supone una discrepancia formal con las reglas establecidas en la normativa electoral, pero también una discrepancia material, en el sentido de que, o bien no permite averiguar inequívocamente cual sea la voluntad que el elector pretende expresar, o bien suscita dudas razonables acerca de cual sea esa voluntad. No forma parte del sufragio válidamente expresado a favor de alguna de las opciones electorales ni tampoco del voto válido, pero sí del sufragio emitido en cada proceso electoral. Y, a su vez, puede ser de dos clases, a saber: voto nulo involuntario, producido por error o inadvertencia del elector (que, en este sentido, se equipararía a la abstención pasiva técnica) y voto nulo voluntario. Este último tendría interés en cuanto participaría, al menos en parte, de la concepción propia del voto en blanco de cumplimiento de un deber ciudadano, pero incorporaría un elemento de protesta frente al régimen político, frente a alguna de las opciones electorales concurrentes o, incluso, frente a algún candidato determinado. Eventualmente, podría incorporar también algún elemento de falta de respeto por el proceso electoral en cuanto tal o por alguno de sus componentes.
La normativa electoral española actual, es decir, la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG), dedica su artículo 96 a la regulación de la abstención activa. Este artículo, en virtud de la Disposición Adicional Primera.2 de la propia Ley Orgánica, es aplicable también a las elecciones a Asambleas Legislativas de Comunidades Autónomas convocadas por éstas. La regulación que contiene sobre el voto nulo es extensa y nos parece que, en líneas generales, correcta. Por el contrario, la dedicada al voto en blanco es muy escueta y, como veremos inmediatamente, no tan aceptable.
En efecto, la primera parte del artículo, y la más extensa, precisamente los cuatro primeros párrafos de los cinco que contiene, está dedicada a regular el voto nulo. En ella se establece que es nulo el voto emitido en sobre o papeleta diferente del modelo oficial (teniendo en cuenta la facultad atribuida en el artículo 70.2 de esta Ley Orgánica a los grupos políticos para confeccionar papeletas y sobres de votación), así como el emitido en papeleta sin sobre (nulidad que radica en la existencia de una violación de las normas sobre emisión del voto; en concreto, de su carácter secreto) o en sobre que contenga más de una papeleta de distinta candidatura. En el supuesto de contener más de una papeleta de la misma candidatura, se computará como un solo voto válido. En caso de elecciones al Congreso de los Diputados, al Parlamento Europeo, a los Ayuntamientos y Cabildos Insulares serán también nulos los votos emitidos en papeletas en las que se hubiera modificado, añadido, señalado o tachado nombres de los candidatos comprendidos en ella o alterado su orden de colocación, así como aquellas en las que se hubiera producido cualquier otro tipo de alteración. En el caso de elecciones al Senado serán nulos los votos emitidos en papeletas en las que se hubieran señalado más de tres nombres. Asimismo serán nulos los votos contenidos en sobres en los que se hubiera producido cualquier tipo de alteración de las señaladas en los párrafos anteriores.
El quinto y último párrafo del artículo está dedicado a regular el voto en blanco. Establece que se considerará voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos. Pues bien, un sobre que no contenga papeleta puede ser reconocido al tacto por el Presidente de la Mesa cuando, de conformidad con el artículo 86.3 de esta Ley Orgánica, el elector le entregue por su propia mano el sobre o sobres de votación cerrados para que sea él quien los deposite en la urna o urnas. Y eso violaría el carácter secreto del voto, proclamado en el artículo 68.1 de la Constitución y en los artículos 5 y 86.1 de esta Ley Orgánica (artículos que, al igual que el propio 96, en virtud de la Disposición Adicional Primera.2 son aplicables también a las elecciones a Asambleas Legislativas de Comunidades Autónomas convocadas por éstas). Estaríamos en un caso análogo al del voto emitido en papeleta sin sobre (cuya nulidad, como veíamos antes, radica en la existencia de una violación de las normas sobre emisión del voto; en concreto, de su carácter secreto). Lo democráticamente correcto, a nuestro entender, sería la consideración de este voto como nulo y la confección de papeletas en blanco destinadas al voto en blanco en todos aquellos procesos electorales que, a diferencia del Senado, requieran papeletas conteniendo listas cerradas y bloqueadas.
La abstención activa, en particular el voto en blanco, no sólo es una forma legítima de participación electoral democrática, que no ha gozado hasta ahora del relieve tanto doctrinal como político que, a nuestro juicio, merece, sino que es, además, una variable muy interesante del comportamiento electoral. Pero su importancia se ha visto minimizada probablemente por su escasa incidencia cuantitativa y por la relevancia objetiva que en todo proceso electoral tiene la configuración mayoritaria o minoritaria de las agregaciones de preferencias en orden a la producción de representación, de gobierno y de legitimación, que son las funciones electorales fundamentales. Aquí radicaría la problematicidad de la abstención activa, cuyo crecimiento podría incidir en cuestiones tan radicalmente importantes para toda sociedad democrática como la legitimidad de los gobernantes o la gobernabilidad. Aunque, teniendo en cuenta su componente ya señalado de apoyo o identificación con el régimen político (o, incluso, con la democracia), sería una incidencia cualitativamente diferente de la que tendría un crecimiento análogo de la abstención pasiva.
Es decir, la abstención activa, a diferencia de la pasiva, no cuestiona los procesos electorales democráticos, sino todo lo contrario. Sin embargo, plantea problemas tales como la validez de los actuales cauces de participación democrática en las sociedades de nuestros días y, en particular, de los partidos políticos en cuanto tales y como la idoneidad de los sistemas de garantías de las minorías frente a las mayorías y de los sistemas de control del poder político, y pone de relieve algunas graves disfuncionalidades democráticas, por ejemplo, la denominada partitocracia. En definitiva, puede llegar a convertirse en mayor medida que la abstención pasiva y, sobre todo, con mayor legitimidad que ella, en una necesaria señal de alerta, en un imprescindible indicador del aumento más allá de los umbrales tolerables de los déficits democráticos de una determinada sociedad.
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domingo, 24 de febrero de 2008
Saramago y el voto en blanco
En la contraportada de "Ensayo sobre la lucidez" -publicado en 2004 por Alfaguara-, escribe el editor: "Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer su derecho al voto de una manera inesperada. El gobierno teme que ese gesto revolucionario, capaz de socavar los cimientos de una democracia degenerada, sea producto de una conjura anarquista internacional o de grupos extremistas desconocidos. Las cloacas del poder se ponen en marcha: los culpables tienen que ser eliminados. Y si no se hayan, se inventan".
Saramago está ahora con la plataforma P.A.Z. que apoya al candidato señor Rodríguez Zapatero, y parece -claro está- que esta posición reciente se contradice con su valoración del Voto en Blanco. Cosas de los intelectuales y el poder.
Del Voto en Blanco trata el último post de Francisco Rubiales y de el he recogido el texto del escritor.
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miércoles, 28 de noviembre de 2007
"La lealtad se la debes al partido"
declaración de una senadora por Valencia que constituye una prueba firme de que la democracia ha sido transformada, a traición, en una oligocracia despreciable:
Luego añadió: " La lealtad se la debes al partido que te ha facilitado el escaño poniéndote en las listas, no a los votantes"
Fuente: Voto en Blanco
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domingo, 29 de abril de 2007
votar en blanco
Pese a ello quiero utilizar esta entrada para recordar lo que es el voto en blanco. Del blog del mismo nombre, VOTO EN BLANCO, tomo el ideario / argumentario:
El voto en blanco expresa la protesta ciudadana en las urnas. Es un gesto democrático de rechazo a los políticos, partidos y programas, no al sistema. Conscientes del riesgo que representaría un voto en blanco masivo, los gestores de las actuales democracias no lo valoran, ni lo contabilizan, ni le otorgan plasmación alguna en las estructuras del poder. El voto en blanco es una censura casi inútil que sólo podemos realizar en las escasas ocasiones que se abren las urnas. Esta bitácora abraza dos objetivos principales: Valorar el peso del voto en blanco en las democracias avanzadas y permitir a los ciudadanos libres ejercer el derecho a la bofetada democrática de manera permanente, a través de la difusión de información, opinión y análisis.
Nuestras tesis están sustentadas por razones como las siguientes:
Porque la verdadera democracia implica respeto a la opinión de los ciudadanos y su participación en la toma de decisiones.
Limitar la participación ciudadana a un voto depositado cada cuatro años es una intolerable corrupción del sistema.
La sociedad debe controlar a los poderes públicos de manera efectiva, sobre todo después de tener constancia de que los controles tradicionales establecidos (separación de poderes, libertades, prensa libre...) no funcionan.
La experiencia histórica ha demostrado con creces que el Estado sin control es, probablemente, el peor enemigo del hombre. Nadie ha robado tanto, ni ha traicionado con mayor alevosía a los suyos, ni ha asesinado con tanta saña y eficacia a sus propios pueblos.
Sólo existirá una democracia auténtica si conseguimos crear una sociedad civil fuerte y articulada, capaz de controlar a los poderes públicos.
La única manera garantizada de ejercer ese poder civil en nuestro mundo es a través del debate, de la toma de conciencia y del ejercicio libre de la crítica, métodos que deben culminar en la unidad de los ciudadanos, en la creación de opinión y en el funcionamiento de una sociedad civil capaz de ejercer influencia y poder.
Según la Ley Orgánica de Régimen Electoral 5/1985 de 16 de junio en su artículo 96:
1. Es nulo el voto emitido en sobre o papeleta diferente del modelo oficial, así como el emitido en papeleta sin sobre o en sobre que contenga más de una papeleta de distinta candidatura. En el supuesto de contener más de una papeleta de la misma candidatura, se computará como un solo voto válido.
2. En caso de elecciones al Congreso de los Diputados, al Parlamento Europeo, a los Ayuntamientos y Cabildos Insulares serán también nulos los votos emitidos en papeletas en las que se hubiera modificado, añadido, señalado o tachado nombres de los candidatos comprendidos en ella o alterado su orden de colocación, así como aquellas en las que se hubiera producido cualquier otro tipo de alteración. (Modificado por L. O. 1/1987).
3. En el caso de elecciones al Senado serán nulos los votos emitidos en papeletas en las que se hubieran señalado más de tres nombres en las circunscripciones provinciales, de dos en las circunscripciones insulares de Gran Canaria, Mallorca y Tenerife y en las poblaciones de Ceuta y Melilla, y de uno en el resto de las circunscripciones insulares. (Modificado por L. O. 13/1994).
4. Asimismo serán nulos los votos contenidos en sobres en los que se hubiera producido cualquier tipo de alteración de las señaladas en los párrafos anteriores.
5. Se considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, además, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos. (Modificado por L. O. 8/1991).
vía El blog de Gundisalvo
martes, 10 de abril de 2007
¿a quien votar?
miércoles, 31 de enero de 2007
lecciones de democracia
Desgraciadamente, ningún jefe de gobierno de nuestra democracia, desde Adolfo Suárez a Zapatero, ha demostrado autoridad moral o intelectual suficiente para dar clases de democracia a nadie.
Zapatero, antes de exhibir con incomprensible orgullo su exiguo bagaje democrático, debería comprender que no existe democracia sin ciudadanos y con una legión de políticos profesionales al frente del poder político. También debería saber que, sin controles ciudadanos reales, el poder tiende a ser totalitario y, en cualquier caso, es democráticamente ilegítimo, aunque sea legal. Que se mire en el espejo y verá a un político entronizado en un poder lejano e inalcanzable para el ciudadano, electo mediante un proceso electoral que tiene poco de democrático, donde no son los ciudadanos los que verdaderamente eligen, sino los partidos, que son los que hacen las listas. También contemplará a alguien a quien el ciudadano ya no puede controlar, ni fiscalizar, sino únicamente soportar hasta que de nuevo se abran las urnas.
¿Se ha preguntado Zapatero por la causa de que el prestigio de los políticos y su imagen esten por los suelos? ¿No será porque el pueblo, que es más sabio de lo que parece, es consciente desde hace tiempo que ya no está gobernado por una democracia sino por una oligocracia de partidos?
Ojalá ZP se preguntara si puede ser democrático un sistema en el que el ciudadano no puede hacer nada contra el gobernante, aunque pierda la confianza en él, un sistema que ignora que, en democracia, el poder representativo se basa en la confianza y que, cuando la confianza depositada en el político se pierde, también desaparece la legitimidad democrática".
sábado, 4 de noviembre de 2006
sábado de otoño
"Entre los grandes momentos de la noche electoral, no sé si lo oíste, estuvo el grito ciudadano en la puerta de un hotel de la Rambla de Cataluña. Toma tres, tevetrés, coreaban. La afortunada rima hacía referencia al vacío que los medios informativos catalanes habían hecho a Ciutadans y la contundente respuesta, tres escaños, que dichos medios habían obtenido de la realidad.
...
Hay algo profundamente perverso en el funcionamiento mediático de algunos lugares, célebres como Cataluña. Siendo tradicionalmente los periodistas chiens de garde confunden el amo. Y pasan de servir a la sociedad en su defensa ante el poderoso a servir al poderoso en su defensa ante la sociedad. Había sólidas y numerosas pruebas de que Ciutadans suponía un cierto fenómeno social. Si no las atendieron fue para seguir las consignas del poderoso y proteger un estatus cuyo reflejo más deslumbrante son las cuotas. Cuotas que tienen un lógico sentido parlamentario, pero que no pueden trasladarse de ningún modo a la vida social. Ahora los periodistas llaman a los dirigentes de Ciutadans y la primera pregunta que hacen es ésta: «¿Le ha sorprendido el éxito?» Ya se ve que más que pregunta es una petición de solidaridad y de clemencia, cuando no el acostumbrado y pétreo ejercicio de cinismo.
Al fracaso periodístico en la detección de lo real debe sumarse el fracaso de las encuestas. Empezando, por cierto, por ésa del Centro de Investigaciones Sociológicas, que paga el dinero público y que anotaba un 1% en la sección Otros de su encuesta electoral catalana. No ha sonado aún la hora en que el CIS pida disculpas y evacue responsabilidades por sus errores.
Pero volvamos a los chiens y a la garde. Me temo que no sólo la sociedad, sino también el poder, está bastante cabreado con su trabajo. Al fin y al cabo no han cumplido con su concreto deber de impedir el acceso al Parlamento de la novedad prohibida. Hay algunas explicaciones de su impotencia. La primera es que, a pesar de los patéticos y ya veteranos esfuerzos del señor Enric Marín, jefe de prensa del Gobierno Maragall y de su socio académico Tresserras, no hay un espacio catalán de la comunicación.
En segundo lugar, los chiens han fracasado porque el periodismo ya no es el único foro donde se dirime el conflicto social y, por tanto, electoral. Nadie debe desconocer que Ciutadans ha tenido la hegemonía en internet, como no podría ser menos en un partido que fue creado en la red. Y, en último lugar, porque los chiens pasados a doberman siempre fracasan".
Voto en blanco considera que 'Ciutadans' tiene pintada una diana en el corazón
Los tres escaños ganados por Ciudadanos les coloca una diana en el corazón. Desde ahora, son el enemigo a batir para unos partidos políticos, tanto nacionalistas como de izquierda y derecha, que nunca les perdonarán haberles puesto en ridículo y demostrado públicamente que no son demócratas.
Unos y otros, por culpa de la osadía democrática de Ciutadans, ven sus privilegios de casta en peligro. Sienten algo que no sentían desde hace años, porque España era un rebaño domesticado. Sienten miedo del pueblo pensante, de ciudadanos que recapaciten y descubran el gran engaño de la democracia española, que asuman de una vez que lo que nos gobierna es una triste oligocracia de partidos políticos que en nada se parece a una democracia auténtica.
El pecado de Ciutadans es haberlo puesto en evidencia, haber ganado tres escaños sin dinero, sin apoyo de los medios de comunicación, recurriendo sólo a lo que está "prohibido" en la política rastrera que nos rodea: la razón, la dignidad y el alma noble de los votantes.
Los que se autodenominan "izquierda progresista", los "catalanistas" radicales, los de la "derecha acomplejada", los vetustos "comunistas reciclados" en demócratas aparentes, todos ellos dispararán a la diana de Ciutadans con especial saña, con el odio que suele volcarse en aquel que ha tenido la osadía de descubrir las vergüenzas ajenas. Y dispararán con ayuda de la prensa sometida, esa prensa que ha abandonado los intereses del ciudadano y de la democracia para retozar con los partidos políticos en un triste contubernio de poderes e influencias. Ciutadans ha tenido la "osadía" de ganar tres escaños a pesar del boicot mediático, y eso es imperdonable para el periodismo esclavo.
Además, para colmo de males, Ciutadans defiende a los "malditos españoles", poniendo en evidencia un trabajo de castración cultural cuidadosamente elaborado por el nacionalismo radical catalán desde la llegada al poder del taimado Pujol.
Por último, quieren hacer pagar caro a Ciutadans su mayor pecado: el de haber exhibido en público las miserias y carencias de la sociedad catalana, su regresión, su autoritarismo, su intervencionismo, su dictadura linguistica, su democracia degenerada, su violencia solapada, su odio a lo externo, su decadencia, en definitiva, algo imperdonable para un nacionalismo que sólo sabe progresar bajo la marea del victimismo y del engaño cultural e histórico.
Y todo eso se paga, como ya puede comprobarse. El baile de la ignominia ha empezado ya cuando periodistas sometidos les acusan de haber sido financiados por FAES o cuando "profesionales de la política" que no se han bajado del coche oficial en décadas les compara con el GIL.
A los demócratas españoles nos queda comptemplar, en los próximos meses, un espectáculo bochornoso y degradante: la mafia política imperante practicando impunemente la descalificación y el acoso y derribo a un partido emergente cuyo único pecado ha sido apelar a la democracia auténtica.
Sobre la "realidad ciudadana" escribe Manuel Molares en Crónicas Bárbaras
Nació hace tres meses, durante los que sufrió el silencio de los medios informativos y los ataques del catalanismo más nazi, pero Ciutadans de Catalunya-Partido de los Ciudadanos tendrá tres diputados en el parlamento catalán para representar la España y la Cataluña más tolerantes, cultas y cosmopolitas.
Porque Ciutadans se enfrentará al contagioso nacionalismo que absorbió incluso al partido socialista y que convirtió al ciudadano en siervo de obligaciones identitarias, imponiéndole la lengua única y el desprecio obligatorio a todo lo español.
Frente a la realidad nacional como objetivo obsesionante y corruptor, la realidad ciudadana: el que cada persona sea libre, como señala la Constitución Española.
Porque la principal apelación de Ciutadans es la Constitución como fuente de derechos y deberes, coartados por numerosos estatutos de autonomía con sus obligaciones sociales y culturales que cercenan la libertad individual.
Partido inspirado por intelectuales liberales y de izquierda, los más brillantes de Cataluña –De Carreras, Azúa, Espada, Puigdevall, Boadella, Ovejero, Pericay, Tubau, Nuño, Jiménez Barbat, Vázquez-Rial--, no debe sorprender que tras conocer su triunfal entrada en la política sus seguidores gritaran, como bajo la dictadura, “¡Libertad, libertad!”
Una reclamación frente a lo identitario impuesto por los nacionalistas y sus anexos socialistas y comunistas, que tienden hacia el nacionalsocialismo, que segregan a numerosos ciudadanos y multan a empresas que no se rotulen en catalán: el franquismo al revés.
Albert Rivera, el joven cabeza de lista de Ciutadans presenta, como sus compañeros de partido, la imagen de esa Cataluña amable, mundana y abierta que siempre se admiró desde otras regiones.
En las que es previsible que aparezca también el Partido de los Ciudadanos para defender los derechos de cada uno de ellos frente a los nacionalismos identitarios, incluido el español al viejo estilo imperial.
Un nacionalismo imperial ajado y cuartelero que todavía mantienen muchos dirigentes del PP.
Partido que, sin embargo, y en su ambición de acercarse al poder, ha aceptado algunos postulados socialnacionalistas en la misma Cataluña, asombrosamente en Andalucía, y que, posiblemente, lo hará también en otras regiones.
Eduardo San Martín escribe en ABC:
Epílogo del epílogo.
Zapatero tenía un designio para Cataluña. Lo tiene para casi todo. También para Madrid. Anda tan sobrado que confía antes en su providencialismo que en las virtudes de los candidatos que elige para batirse el cobre en la palestra electoral. No parece importarle un bledo que sus elegidos (siempre los elige él) sean grises como la ceniza o unos perfectos desconocidos.
Puso a Montilla porque ya se encargaría él, José Luis Rodríguez Zapatero, de ganar las elecciones en Cataluña. Resultado: cinco escaños y cinco puntos menos. ¿La debacle habría sido peor sin su concurso? Nunca lo sabremos. Sí sabemos, en cambio, lo que ya sabíamos: que la voluntad por sí sola no resucita a los moribundos.
¿Es el fin de la baraka de quien, hace apenas seis años, era un oscuro e invisible diputado por León? Diagnóstico prematuro, tal vez. Pero nadie podría reprocharle a Miguel Sebastián que se fuera buscando otros apoyos en Madrid. Por si las moscas.