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viernes, 7 de noviembre de 2008

El patio de atrás del Fondo de Adquisición de Activos Financieros

Rosa Díez: “España es el país que más dinero ha destinado al fondo de ayuda a los bancos y el que goza de menos transparencia y control político".

6 de noviembre de 2008

Rosa Díez, diputada de Unión, Progreso y Democracia, UPyD, ha asegurado esta mañana en rueda de prensa que las medidas pactadas por el Gobierno para crear un Fondo de Adquisición de Activos Financieros, para el otorgamiento de avales a las entidades de crédito así como para ampliar hasta 100.000 € las indemnizaciones del Fondo de Garantía de Depósitos, están rodeadas de una “opacidad”, pactada con el Partido Popular. “Somos el país que más dinero ha destinado a ese fondo de ayuda a los bancos, en el que más puestos de trabajo se destruyen y, además, es el de menos transparencia y control político".

Precisamente, para acabar con esa falta de trasparencia, la diputada ha registrado en el Registro una PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre Medidas de Estabilización Financiera para su debate en Pleno.

A este respecto, ha asegurado Díez, conviene recordar que el Gobierno, en su presentación de las medidas adoptadas, insistió en que las intervenciones en las que se concretarían los mencionados Reales Decretos–Ley se ajustarían a los principios generales de transparencia, control por las instituciones democráticas y coste nulo para el Estado. Además, la propia Comisión Europea ha establecido que para que las ayudas estatales sean aceptables, deben ajustarse a los principios generales de limitación temporal y no discriminación entre las entidades crediticias comunitarias, así como con la exigencia de que el sector privado afectado comparta el esfuerzo del Estado y no emplee las ayudas para financiar su propia expansión.

Sin embargo, según Díez, desde la convalidación de los dos Reales Decretos–Ley aludidos diversos medios de comunicación nos han alertan “del eventual incumplimiento de algunos de los principios antes mencionados, singularmente el de transparencia”. En estas circunstancias, la diputada ha propuesto que el Gobierno establezca unas normas reglamentarias de desarrollo que respeten dicha transparencia. Entre las medidas propuestas, Díez pide que el Ministerio de Economía y Hacienda informe al Congreso de los Diputados de la identidad de los beneficiarios de las ayudas estatales, de su cuantía y, en el caso de adquisición de activos, de la calificación de riesgos de éstos y de su valoración de mercado. Además, que los informes cuatrimestrales previstos para el Fondo de Adquisición de Activos Financieros, a presentar ante el Congreso, se extiendan a las operaciones de aval y de adquisición de participaciones en el capital de las entidades financieras. Asimismo, se habilitará, de manera extraordinaria, al Tribunal de Cuentas para que, con la misma periodicidad, emita informes de control y auditoria sobre todas esas operaciones.

Además, la diputada considera que son las entidades financieras que se beneficien de estas medidas quienes deben asumir los costes de las operaciones. Por ejemplo, en el caso de que alguno de los activos adquiridos resultara tener menor valor que el adjudicado en su adquisición o resultara total o parcialmente fallido, el diferencial negativo será imputado directamente a la entidad emisora de los mismos.

Asimismo, la diputada considera que para que la intervención del Estado no induzca un problema de riesgo moral en el sector financiero español, se especificará que la adquisición por el Estado de títulos aptos conlleve derechos de representación en los correspondientes Consejos de Administración. En este sentido, el Estado condicionará sus participaciones en el capital de las entidades crediticias, cuando la compra de títulos exceda del 3 por 100 del capital de éstas, a tener una representación en su Consejo de Administración con voz y voto, nombrando el número de consejeros que corresponda proporcionalmente a dichas participaciones.

La diputada también propone que las ayudas concedidas por el Estado, sea cual sea su modalidad, deben condicionarse a que las entidades crediticias no las empleen para financiar su expansión ni para financiar el reparto de dividendos a sus accionistas. El Estado –dice Díez-, dará prioridad a la concesión de las ayudas a las entidades que hayan incrementado la concesión de créditos al sector privado en el trimestre anterior a la solicitud correspondiente.

Asimismo, la diputada cree que en ningún caso las intervenciones del Estado, en el marco de las medidas de estabilización financiera, deben sustituir a las que, en su caso, pudiera tener que adoptar el Banco de España para intervenir en entidades financieras que, eventualmente, afronten una situación de quiebra.

En el marco de dichas iniciativas, el Gobierno debería remitir al Congreso un proyecto de reforma de la legislación mercantil y penal para regular las responsabilidades de los consejeros y directivos de las entidades financieras, para que, en los casos de conducta punible, se obligue a los implicados a responder de los daños económicos causados con la totalidad de su patrimonio personal.

Según Díez, es urgente examinar el papel ejercido en la crisis por el Banco Central Europeo y por el Banco de España a fin de reestructurar estos órganos de regulación y control, reforzando sus competencias y dotándoles de los instrumentos que se requieran. Por eso y, con este fin, el Gobierno debería promover la creación en la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso de los Diputados una subcomisión de estudio sobre la crisis financiera.

Y, por último, la diputada ha propuesto que el Gobierno informe periódicamente al Congreso de los Diputados de su participación y sus actuaciones en el ámbito internacional y europeo.


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viernes, 13 de junio de 2008

Rosa Díez inquieta a PP y a PSOE

Arsenio Escolar nos lo cuenta en 20 Minutos:

¿A quién quitó votos Rosa Díez en las elecciones del 9 de marzo? Al PSOE y al PP, según se comprueba analizando los resultados mesa a mesa. Pero más al PSOE, sobre todo en Madrid: dos de cada tres votos de Díez en Madrid ciudad eran, según cuenta un alto cargo del partido de Rajoy, antiguos votantes socialistas.

¿Y ahora le estaría rebañando apoyos al PP, sumido en su crisis? Eso apuntan algunas encuestas, entre ellas el último barómetro del CIS.

En los estados mayores de los dos grandes partidos ya andan preocupados, y han decidido conjuntamente recortarle espacios a la diputada. Según cuenta Esther Jaén, PP, PSOE y hasta IU han votado juntos en el consejo de Telemadrid una propuesta socialista por la cual Rosa Díez, hasta ahora tertuliana frecuente de la cadena pública de Esperanza Aguirre, aparezca bastante menos en la pantalla.

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jueves, 12 de junio de 2008

60 horas

Madrid, 10 jun (EFECOM).- La diputada de UPyD, Rosa Díez, calificó hoy de "retroceso histórico" la ampliación de los límites de la jornada laboral para que un empleado pueda trabajar hasta un máximo de 65 horas semanales y puso su partido a disposición de Gobierno y sindicatos para evitar que esta medida salga adelante.

En declaraciones a EFE, Díez aseguró que la propuesta aprobada hoy por los ministros de trabajo de la UE es una medida "irracional" y por ello hay que hacer "un esfuerzo" para movilizar a los ciudadanos "en defensa de la Europa social".

"No podemos permitir que se ponga en marcha una iniciativa que supone un enorme retroceso y que es de una enorme injusticia, ya que deja al trabajador a expensas de tenerse que defender él mismo frente al que lo contrata", añadió Díez.

Como ex europarlamentaria, la diputada del Grupo Mixto declaró sentir "vergüenza" de que esa propuesta haya salido del colegio de comisarios y apuntó que espera ver dónde está el Partido Socialista Europeo, ya que el comisario que lo ha propuesto es un socialista checo.

Díez aseguró que hay que movilizar a todas las organizaciones y partidos "progresistas de verdad", los que "defienden el progreso de los ciudadanos" para que esta medida no salga adelante. EFECOM pem/mbg/prb

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viernes, 23 de mayo de 2008

..sentados en el Ayuntamiento, estaban nuestros verdugos…’

Rosa Díez, diputada de UPyD, el 23 de mayo de 2008 en El Mundo, Vía vozbcn:

‘Hablo a la María con la que tantas veces he salido a la calle a defender la libertad, a la María que se ponía junto a mí el brazalete de servicio de seguridad en las manifestaciones de Basta Ya. Hablo a la María junto a la que yo estaba en aquel Pleno de la indignidad del Ayuntamiento de Andoaín, ese en el que exigimos la dimisión al alcalde de Batasuna, José Antonio Barandiarán -que el pasado martes fue detenido y acusado de pertenecer a ETA-, mientras el PNV se negaba a suscribir la moción de censura presentada por el PSE. ¿Te acuerdas, María, que nos llamaban «crispadoras» por señalarle como el responsable del asesinato de nuestro amigo Joseba Pagaza, policía municipal de ese mismo Ayuntamiento? Ahora resulta que teníamos razón cuando advertíamos que allí, sentados en el Ayuntamiento, estaban nuestros verdugos…’

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martes, 19 de septiembre de 2006

la convicción del carácter



Hace cuatro años, cuando llegué a la isla, mientras ordenaba los libros que venían conmigo de Madrid, con Jane, uno de ellos quedó en mi mesilla de noche: “La corrosión del carácter” del sociólogo Richard Sennett. El libro tiene este subtítulo: “Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo”.
Fue premonitorio de lo que meses más tarde acontecería en mi vida.

Pero esa es otra historia, y de ello escribiré en otro momento. Lo he traído a colación ya que hojeando Letras Libres en su número de Septiembre veo una crítica del libro de Rosa Díez, PORQUE TENGO HIJOS, escrita por Félix Ovejero, con un título casi parecido: “La convicción del carácter”.

Ahí queda:

libros
La convicción
del carácter
Rosa Díez
Porque tengo
hijos
Adhara, Madrid,
2006, 269 pp.


Los economistas lo calculan todo. También la calidad de las acciones humanas. Lo llaman “coste de oportunidad”. El método es sencillo: se miden por el valor de la mejor opción abandonada, de lo que pudo haber sido y no será. Puede parecer burdo, incluso mezquino en su austera contabilidad, pero no engaña. Después de todo, no anda lejos del sentido común que, al elogiar un comportamiento valeroso, lleva a decir: “se la juega”.
El coste de oportunidad de Rosa Díez va en aumento.

Se la jugó con ETA y, ahora, se la está jugando con los que mandan en su partido, el PSOE, que día sí y día también, cada vez con menos hipocresía, amenazan con expulsarla. Y no es que Díez haya cambiado de punto de vista, que haya traicionado al ideario, la razonable vara de medir con la que un partido debe tasar a sus miembros.

En realidad, si se aplicase esa criba entre sus cuadros actuales, el PSOE se quedaba en cuadro, si se disculpa el retruécano. No, el caso de la autora de este libro es otro, el contrario. Díez no ha corregido un milímetro lo único que no cabe corregir: los principios. Se limita a aplicar consecuentemente lo que los socialistas han defendido desde siempre: nunca hay que someterse al poder arbitrario. Algo que vale por igual con los ricos y con los pistoleros.

Precisamente la firmeza de su punto de vista moral permite fijar la cota y, en el contraste, reconocer el desnortamiento ideológico de su partido, una crónica del cual es, en buena medida, este libro. El desnortamiento de quien anda a la búsqueda de “razones” para dignificar el diálogo con la barbarie.

Exactamente lo que Díez se resiste a hacer: “hay que seguir condenando la barbarie, hemos de seguir comprometiéndonos con nuestras palabras, con nuestros gestos, con nuestra actitud”.

Que una socialista escriba un libro criticando al nacionalismo no debería sorprender. La izquierda no entiende de privilegios de origen y el nacionalismo arranca desde la convicción de que la ciudadanía está atada a la identidad nacional, de que hay unos que son más que otros en lo que atañe a la pertenencia a la comunidad política.
Con los demás, a lo sumo, cabe ser “solidarios”.

Los socialistas, por lo general, han hablado siempre de otras cosas, de justicia y de igualdad. Tampoco debería sorprender que una socialista dedique el libro a sus hijos. La fraternidad es, también, continuidad cívica, legado a las nuevas generaciones. Y Díez aspira a “dejar a mis hijos y a los jóvenes una sociedad libre, en la que cada cual pueda defender tranquilamente sus ideas; y en la que las ideas que impliquen la aniquilación del adversario estén prohibidas y perseguidas”.

Si acaso a alguien le puede sorprender que esas líneas, que podrían parecer escritas por un socialista del siglo XIX, se escriban en la Europa del siglo XXI. Pero es que Díez está hablando de un lugar, el País Vasco, donde muchas gentes no pueden expresar libremente sus ideas sin que su vida peligre. No todos, bien es cierto. Muchos pueden decir lo que quieren, incluso que comprenden a los que niegan la libertad a los demás.

Vamos, que en el País Vasco no hay libertad. Porque la libertad o es de todos o no existe. Que algunos puedan expresarse libremente no asegura la libertad. En la sociedad de los esclavos o en la Alemania nazi, los que no vivían con miedo eran libres.

Pero mientras alguien tenga miedo por decir lo que piensa, no podemos hablar de una comunidad política libre. Lo dijeron los clásicos del republicanismo, la tradición a la que con frecuencia apela Zapatero a la hora de decorar su vacuidad ideológica. Díez lo sabe bien y nos lo recuerda con una cita que, aunque lo parezca, no es de Cicerón, sino de Blade Runner, una de la muchas referencias cinematográficas del libro: “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Pues eso es lo que significa ser esclavo”.

El libro es una crónica de diez años de lucha contra el miedo, de lucha por la libertad. Es una crónica ente dos treguas, la de 1998 –de sus prolegómenos, para ser precisos– y la de ahora. Es también la crónica de una caída del burro, la de muchos socialistas, entre ellos la propia autora, que alguna vez creyeron que el nacionalismo era la expresión política de una realidad escamoteada, el justo reclamo de derechos de aquellos que vieron perseguidas su lengua y su cultura, y acabaron por descubrir que era un meditado proyecto de cimentar la comunidad política en el mito y la etnia, de excluir a quienes no se acomodaban a una identidad inventada. Díez recoge los artículos escritos en este tiempo y los agrupa en siete apartados que se corresponden con diversos momentos de la historia reciente del País Vasco, convenientemente contextualizados con otros tantos textos introductorios. En conjunto proporcionan una buena cartografía del escenario político vasco, de cómo han sido las cosas y de qué pensaba cada cual en cada hora. Y desde luego, al ver pasar la historia en cámara rápida, se hacen pasmosamente vistosos los giros, las respuestas cambiantes de los personajes, ante las mismas preguntas de siempre. Sobre ese paisaje de fondo resulta más destacado el contraste, la coherencia de quien cree que, como decía Brecht, todavía son tiempos de seguir luchando por lo vidente.

No es un lugar común la apelación a la coherencia. La coherencia es algo más que una virtud psicológica. Lo recordó Aristóteles: a partir de cierto momento, la firmeza de carácter se confunde con la firmeza de convicciones.

Algo que tener en cuenta. La lucha contra eta, entre otras cosas, ha revelado la facilidad con la que, al cabo del tiempo, se volvían a aceptar como buenas ciertas patrañas cuyo curso legal se creía caducado. El nacionalismo carece de solvencia intelectual, pero no de persistencia. La cantinela nacionalista, repetida, parece que gana en calidad y hasta acaba por permear los razonamientos de sus críticos. Ya se sabe, la doctrina de Goebbels: una gran mentira repetida acaba por convertirse en verdad. Es ahí donde el carácter se funde con la razón práctica. En el País Vasco se ha visto, se está viendo.

Tramposos tópicos, como “proceso de paz”, “solución dialogada” o “conflicto vasco”, que parecían irrevocablemente desterrados, reaparecen ahora como si nada hubiese pasado en este tiempo, como si nunca nadie hubiera recordado que allí no hay una guerra entre dos bandos, sino una organización política que utiliza métodos fascistas para intimidar a quienes se resisten a aceptar sus exigencias, y que no cabe el diálogo con quien reclama que se acepte como argumento el asesinato del interlocutor si no le gusta cómo va la conversación. Rosa Díez ha recordado otra vez la importancia de no perder el exacto sentido de las cosas, de no dejarse llevar por la turbulencia de las palabras cargadas.

La fundamental enseñanza de su libro, lo que lo hace incómodamente oportuno, es mostrarnos que, hoy como ayer, al elegir las palabras estamos eligiendo los caminos:

"Todo el mundo habla del final dialogado del terrorismo. Conjugamos esas mágicas palabras movidos por “razones políticas” o por lo que hemos dado en llamar pragmatismo.

No me extenderé sobre las circunstancias que han hecho posible que, quienes han defendido y defienden las tesis del conflicto político para explicar el nacimiento y la pervivencia de eta, hayan llegado a convencer al resto de “su” solución.

Pero probablemente el cansancio, el desánimo, la confusión y hasta una ausencia clara de referencias hayan contribuido a ello. El caso es que ésa es hoy la posición dominante en materia de pacificación. Nada sorprendente en ese diagnóstico".

O sí: esas líneas estás escritas hace diez años. No está de más recuperarlas en estos días cuando muchos se esfuerzan por encontrar profundas diferencias entre el dilema “te mato, si no me das lo que quiero” y el de “si no me das lo que quiero, te mato”. La duda es si el rebrote de la gastada y hueca palabrería hay que atribuirlo a la torpeza o a la deshonestidad, si estamos ante el elefante en la cacharrería o ante el vendedor de tómbola, que hace trampas y lo sabe, pero tiene que vender su mercancía. ~


– Félix Ovejero