PALOMA DIAZ SOTERO |
| 26 de junio de 2008 |
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Dice estar «asombrado» por la acogida que ha tenido su Manifiesto por la Lengua Común y que «la respuesta de decenas de miles de personas significa que la preocupación estaba ahí y que la gente necesitaba una iniciativa así». Fernando Savater redactó un manifiesto reclamando un debate político sobre los derechos de los castellanohablantes en las comunidades bilingües y cambios legislativos que garanticen sus derechos. En tres días, la acogida, también del mundo de la cultura, ha sido aplastante. Pregunta.- ¿Por qué se lanzó a esta batalla política? P.- Usted dijo el día de la presentación que no se trataba de una queja ni de un pataleo, que se trataba de ir más allá. P.- Usted también dijo que el objetivo era dar argumentos sólidos a la sociedad civil. P.- ¿Y qué expectativas tiene ahora tras este éxito inicial? P.- ¿Cómo valora la rápida adhesión del PP? P.- La ministra de Educación, por otro lado, niega que haya problema alguno.
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jueves, 26 de junio de 2008
El Mundo entrevista a Fernando Savater
lunes, 23 de junio de 2008
Manifiesto por la LENGUA COMUN
Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:
1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.
2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc... en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).
3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua cooficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la Administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.
4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que «las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.
Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:
1. La lengua castellana es COMUN Y OFICIAL a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.
2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen DERECHO A SER EDUCADOS en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.
3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser ATENDIDO INSTITUCIONALMENTE EN LAS DOS LENGUAS OFICIALES. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.
4. LA ROTULACION DE LOS EDIFICIOS OFICIALES Y DE LAS VIAS PUBLICAS, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc... en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.
5.. LOS REPRESENTANTES POLITICOS, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.
Firmado por Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, José Luis Pardo, Alvaro Pombo, Ramón Rodríguez, José Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater y Fernando Sosa Wagner.
FUENTE: SOITU.ES
viernes, 28 de septiembre de 2007
rediles y borregos
domingo, 23 de septiembre de 2007
regreso al Progreso
Incluso antes que Leo Strauss cuestionase el término, el progreso había criado mala fama. Sonaba a ingenuidad ilustrada apoyada en un automatismo optimista, que inyectaba en el discurso histórico las funciones salvíficas anteriormente reservadas a
Sin embargo, purgado de automatismos y dotado de voluntad política, el término progreso tiene pertinencia como ideal. El progreso no es un destino en el que se cree, sino un objetivo ilustrado al que se aspira y hacia el que se lucha por avanzar, en la incertidumbre de la realidad histórica. Será progreso cuanto favorezca un modelo de organización social en el que el mayor número de personas alcancen más efectivas cuotas de libertad: es decir, son progresistas quienes combaten los mecanismos esclavizadores de la miseria, la ignorancia y la supresión autoritaria de procedimientos democráticos. Hablando el lenguaje que hoy resulta más próximo e inteligible, la sociedad progresa cuando amplía y consolida las capacidades de la ciudadanía. Ser progresista es no resignarse ni conformarse con las desigualdades de libertad que hoy existen, sino tratar de superarlas y abolirlas. Y es reaccionario cuanto perpetúa o reinventa privilegios sociales, descarta los procedimientos democráticos en nombre de mayor justicia o mayor libertad de comercio, propala mitologías colectivas como si fuesen verdades científicas, etcétera…
En la interpretación política actual creo que el eje progresista-reaccionario tiene mayor capacidad movilizadora que la tradicional división entre izquierda y derecha. No se trata de que ya no existan izquierdas o derechas, como se dice a veces. Esta división sigue siendo operativa, siempre que no se absolutice, es decir, que no se pretenda la hemiplejia social de abolir la mitad complementaria. En el reparto de la intencionalidad política es necesaria la visión que prima los espacios y los servicios públicos, la redistribución y la protección social tanto como la que estimula la iniciativa individual junto a los derecho adquiridos de propiedad. De la pugna leal entre ambos polos surge la vitalidad comunitaria. Pero ni los unos ni los otros tienen la exclusiva de las virtudes sociales: ni los unos monopolizan la justicia ni los otros monopolizan la libertad. Y desde luego, tanto desde la izquierda como desde la derecha pueden venir propuestas progresistas o esclerotizarse cautelas o imposiciones reaccionarias. Por eso, resulta quizá este último índice el más inspirador para quien no se avienen sencillamente a la militancia ciega en las formaciones políticas tradicionales.
Respecto a la noción de progreso existe un acrisolado prejuicio que lo liga a la política de izquierdas (simétrico al que llama “modernización” a cuanto aligera de trabas de protección social para facilitar la extensión del capitalismo internacional).
Pero cuando se hace inasumible la vinculación entre progreso e izquierda, como en los totalitarismos comunistas, se decreta que allí no se trata de una izquierda “verdadera”. Sin embargo, Stalin era de izquierdas qué otra cosa podría ser, aunque también profunda y radicalmente reaccionario. Y los gerifaltes del comunismo español que disfrutaban de la hospitalidad de Ceacescu o Kim II Sung se portaban como correctos miembros de la izquierda aunque también como cómplices de los gobiernos más reaccionarios de la época. Aún no hace mucho, en nuestro Parlamento, se presentó una moción para solicitar a la dictadura cubana que liberase sus presos políticos: sólo tres partidos de derechas PP, PNV y CiU adoptaron la actitud progresista de apoyarla, mientras que los grupos de izquierda se unían para rechazarla con reaccionario entusiasmo. Etcétera…
Uno de los más notables enigmas de la actual política española al constituir los consistorios de ayuntamientos o comunidades autónomas es el empeño en “gobierno de progreso” a cualquier combinación que incluya a nacionalistas y partidos de izquierda, con tal de que excluya al PP. Es difícil imaginar por qué regla de tres semejantes contubernios pragmáticos, sin duda muy convenientes para los intereses particulares de quienes los protagonizan, representan un “progreso” para todos los demás. No soy de los que ven el futuro de un radiante color rosa, pero aceptar que el país “progresa” hacia Javier Madrazo o Joan Tardá me parece francamente un pesimismo excesivo. Y ¿por qué diablos va a ser “progresista” que los socialistas formen gobierno en Navarra con NaBai, ese indudable frente nacionalista, con el que poco deberían tener que ver? A no ser que estén intentando retomar alguna de las cochinadas que tenían medio apalabradas el pasado noviembre con Batasuna y el PNV. Por cierto, ya vamos sabiendo cuál era el lema más despótico que ilustrado de las falsamente negadas negociaciones del aún más falsamente llamado proceso de paz: ”todo para ETA pero sin ETA”.
Pues bien, de progreso nada. La tradición nacionalista, separatista y disgregadora, es uno de los dos chancros reaccionarios que infectan el desarrollo democrático español desde el siglo XIX (el otro es el tradicionalismo clerical, que también sigue tristemente vigente como lo demuestra la polémica en torno a
La izquierda devalúa la noción de progreso cuando la esgrime legitimadoramente en casos tan inverosímiles. Lo cual no deja de volverse a veces contra ella: Madrid ha pasado a ser, en su Ayuntamiento y su Comunidad de “rompeolas de todas las Españas” a rompe-pelotas de todas las izquierdas, entre otras sutiles razones que los analistas estudian, porque en esta capital se han refugiado muchos de los damnificados por los “gobiernos de progreso” periféricos que no están dispuestos a colaborar con su voto en la repetición de nada ni remotamente parecido. En el futuro inmediato, con una situación económica de bonanza decreciente y gran parte de la población acosada por la voracidad del Euribor como Baskerville lo fue por el célebre sabueso infernal, no serán los que llamen progreso a dificultar aún más las cosas segmentando estatutaria e insolidariamente los mercados o estableciendo barreras lingüisticas quienes van a conquistar la simpatía de los votantes… Y si no, al tiempo.
Algunos creemos que un enfoque progresista de la política sigue teniendo hoy sentido: es decir, que no compartimos la pataleta de quienes por indignación con los reaccionarios de izquierda se hacen reaccionarios de derechas y viceversa. Más bien se trata de buscar planteamientos de progreso que escapen al mero maniqueísmo partidista: quizá hoy se esté intentando también algo parecido en el nuevo Gobierno francés y en otros espacios de
Publicado en El País agosto 2007
miércoles, 12 de septiembre de 2007
sábado, 19 de mayo de 2007
casa tomada [2]
El primer artículo (si la hemeroteca no anda errada) que Savater escribió en El País se titulaba Los nacionalistas o el destierro como estilo. Lo publicó el 5 de mayo de 1976. Hace treinta años casi exactos. En treinta años jamás habían rechazado un artículo suyo. Y en una larga época, incluso, se mostraban muy felices cuando podían publicarlos. Esto se ha acabado hoy. El Correo publica Casa Tomada, un lúcido y hermoso artículo que Savater había enviado a El País el pasado 7 de mayo. La lectura del texto y la actitud del diario inducen a una perplejidad desmoralizada. ¿Qué le ha ocurrido a ese periódico para que su director aplique el derecho de veto a este artículo? ¿Qué tiene este artículo? Sí: la afirmación de que Zapatero ha fracasado. Sí: la crítica a un editorial y a un artículo del propio periódico. Y una elegante metáfora cortazariana, nosotros que le quisimos tanto. Lo más suave que puede decirse de esa censura es que se trata de una muestra insospechada de aldeanismo intelectual y de sectarismo político. Porque, desgraciadamente, no creo que pueda aplicársele el subtítulo que llevaba aquel primer artículo nabokoviano: "Las razones de Estado en las historias de amor".
La posibilidad de que algo le haya ocurrido a ese periódico se combina con otra: lo que le haya ocurrido a Savater. Pero el resultado, este sábado, es el mismo: el primer intelectual de España (que eso sí no ha cambiado) ya no cabe en El País.
martes, 15 de mayo de 2007
casa tomada
Uno de los mejores cuentos de fantasmas que conozco es Casa tomada, de Julio Cortázar. En él, una pareja de hermanos mayores y solteros vive en la casa de sus antepasados. Poco a poco, deben ir cerrando habitaciones y bloqueando puertas de las estancias tomadas por entidades que no se precisan pero se presienten hasta que finalmente tienen que abandonar su hogar invadido por el Mal. En el País Vasco, muchos de quienes hemos luchado contra el expansionismo del nacionalismo obligatorio estamos en la misma tesitura. ETA y adláteres ocupan las localidades pequeñas, luego las medianas, luego barrios de las grandes y espacios públicos comunes: nosotros vamos cerrando puertas y retrocediendo. Cada vez con menos apoyos y más críticas de quienes se impacientan por nuestras quejas. Los socialistas vascos por ejemplo nos tienen por miserables, cuando no por extremistas de derechas (con el PSE pasa lo que con la Ertzaintza, aunque peor: en sus filas hay gente decente y combativa, pero con los mandos actuales no hay manera). Y aún eso es preferible a los que nos muestran su solidaridad humana por las amenazas que sufrimos, para acto seguido criticar la Ley de Partidos o recomendar el diálogo como solución de nuestros males. No, que quede claro: no queremos solidaridad humana sino política. La humana que se la guarden los simpáticos donde mejor les encaje.
Y habrá que irse, claro. Ya no podemos hacer más. Ustedes, nuestros conciudadanos, tienen la palabra. Si refrendan electoralmente lo que hasta ahora se viene haciendo, sólo nos queda salir a la intemperie y buscar refugio dónde sea. "Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada".
Artículo escrito por el filósofo Fernando Savater para el diario digital de Basta Ya!
lunes, 2 de abril de 2007
la estrategia del caciquismo/nacionalismo
¡Basta Ya! es un colectivo nacido de la resistencia política y no meramente moral contra el terrorismo: es decir, que no sólo hemos condenado como tantas personas decentes los crímenes y la extorsión, sino que también hemos denunciado el nacionalismo obligatorio que se ha impuesto bajo el amparo del terror en el País Vasco y, por contagio oportunista, en otras comunidades españolas. Por ejemplo, yo no creo que la reforma del Estatuto catalán y después de los demás vaya a "romper" España como creen algunos apocalípticos. Lo que pienso es que ciertamente la empeora, agudizando desigualdades y mutuos recelos. Dejando aparte las desmesuras de la lunatic fringe separatista, que por cierto ha adquirido en los últimos años una magnitud política y mediática que para nada se corresponde con su peso electoral, los nacionalistas no quieren romper el país sino obtener privilegios dentro de él. No se trata de matar a la vaca sino de ordeñarla al máximo y durante el mayor tiempo posible, lo cual es incompatible con hacerla filetes y consumirla de una sentada. Es la tradicional estrategia del caciquismo hispano, que consistía en que unos cuantos tuviesen vara alta sin interferencias en la demarcación que convertían en su cortijo a cambio de apoyar al Gobierno complaciente en el Parlamento estatal. El nacionalismo que hoy padecemos -el de los nacionalistas propiamente dichos y el de quienes ante su ejemplo no quieren quedarse atrás- es el viejo caciquismo, dotado de bandera y señas identitarias hipostasiadas. Como demuestran los resultados de los referendos estatutarios, es un proyecto que no entusiasma precisamente a la mayoría de la población en ninguna parte.
martes, 27 de marzo de 2007
sábado, 10 de marzo de 2007
empeorando todo
Las explicaciones que ofrece el Gobierno socialista para justificar su decisión de excarcelar (llamemos a las cosas por su nombre) a De Juana Chaos me recuerdan al viejo cuento del caldero prestado. ¿Se acuerdan? Un hombre presta su caldero al vecino y días más tarde éste se lo devuelve agujereado; ante sus protestas, el vecino responde: a) que el caldero no está agujereado; b) que ya tenía agujeros cuando se lo prestaron; c) que no le han prestado ningún caldero. Contradicciones interesadas del mismo calibre estamos oyendo estos días para explicar o tratar de hacer digerible ante una opinión pública cuyas tragaderas son anchas pero no hasta el infinito la cesión del Ejecutivo por razones políticas ante el chantaje del terrorista en huelga de hambre. (por cierto, nunca tan pocos han fingido representar a tantos como hoy sucede en el Parlamento español). |
viernes, 24 de noviembre de 2006
en plenos morros
"Tuve al principio la tentación de titular este artículo “En plenos morros” pero finalmente he optado por algo más educado. Sin embargo, la tentación de hacer la higa ha sido fuerte, al ver la conmoción provocada por los resultados que han obtenido Ciutadans en las pasadas elecciones catalanas. Primero –antes de que se votase- fue el vergonzoso silenciamiento y el mirar por encima del hombro, con conmiseración o ironía. Los medios de comunicación, sobre todo los específicos de la autonomía, apenas dedicaron al partido recién llegado la mínima atención, ni siquiera por el interés periodístico que podía representar la novedad de su propuesta. Después de los comicios, los mismos que les silenciaron empezaron a regañarles como si fuesen aquellos “pecadores de la pradera” a los que amonestaba Chiquito de la Calzada. Oímos que son la ultraderecha, la derecha de la ultraderecha, el regreso de Lerroux (¡no podía faltar la referencia al Emperador del Paralelo, ahora más bien para lelos!), pero al mismo tiempo un grupo izquierdista partidario de varias aberraciones morales y en el que no puede confiar la sana gente de orden. A un fulano muy entendido le oí decir por la radio en cinco minutos que eran un invento movido desde Madrid y que no tenían ningún futuro en el resto de España, porque se trataba de un fenómeno específicamente catalán. Por lo visto la antigua profesión de lacayo, que creíamos desaparecida con el fin de las grandes casas aristocráticas, se ha reciclado de modo que perdura en emisoras, televisiones y periódicos pero ahora al servicio de los magnates políticos.
¿A qué viene este partido de los Ciudadanos, que tanta incomodidad ha producido en los profesionales sempiternos de la política establecida al negarse dócilmente a desaparecer en la nada electoral, como ya se había dado por seguro? Desde mi punto de vista, aportan en primer lugar una actitud progresista que rechaza sin complejos la obligada devoción a nacionalismos pequeños o grandes. Digo “progresista”, no de izquierdas o derechas, porque creo que el verdadero progresismo se fabrica hoy con elementos pragmáticos tomados de los dos campos convencionales. Y ya resulta insostenible que porque un partido se llame “Izquierda Nose qué” sea progresista: si el progreso avanza hacia algo parecido a Javier Madrazo, es falso todo lo que cuenta tanto la teoría de la evolución como desde luego la del Diseño Inteligente. Vivimos en un país extraño: si uno se declara “anticapitalista”, recibe múltiples parabienes por su coraje solidario con los desheredados; si dice que es “anticomunista”, no le faltarán elogios por haber comprendido que no hay justicia sin libertad; pero si se confiesa “antinacionalista”…
Nada, a tanto no se atreve nadie. Lo único bien visto como máximo es ser “no nacionalista”, aunque siempre catalanista, vasquista, galleguista…¡o españolista! Pues bien, algunos –puede que muy pocos, puede que tampoco muchos de los Ciutadans, que oficialmente se dicen “no nacionalistas”- proclamamos abiertamente que somos antinacionalistas. Con el debido respeto a las personas, pero con no menor firmeza ante las ideas que nos resultan rechazables. Políticamente hablando, los nacionalistas me parecen obtusos e insaciables: obtusos por su visión patrimonialista y cerrada de la sociedad (v.gr., el peneuvista Rubalcaba en el pasado debate sobre autodeterminación, regalando España a los demás con tal de que su clan se quede con el País Vasco como si fuera su caserío) e insaciables, es decir que ninguna concesión descentralizadora logra nada más que abrirles el apetito de mayores privilegios y competencias exclusivas. Me gustaría poder votar a un partido que contrarrestase eficazmente, con habilidad política, los abusos separatistas; que mantuviese un discurso pedagógicamente explícito para aclarar que el derecho a la diferencia nunca es una diferencia de derechos; y que por supuesto defendiese la unidad constitucional como base del estado democrático pero sin concesiones a patrioterismos ni a ninguna esencial Idea de España. Dado el panorama actual: ¿a quién podemos votar, yo y quienes pensamos como yo? No sé si Ciutadans resuelve nuestro problema, pero al menos nos abre una esperanza.
Me gustaría por tanto que el partido de los Ciudadanos se extendiese a todas las circunscripciones electorales de España. La competencia, alarmada, intenta convencernos de que tal cosa no es posible porque el nacionalismo obligatorio sólo es problema en Cataluña, el País Vasco y quizá en Galicia. Pero es que los Ciudadanos no sólo pueden ni deben atender la urgencia antinacionalista. Hay otros temas conflictivos y vuelvo al ejemplo del hombre que conozco mejor –como diría Unamuno- o sea yo mismo. Como maestro, me parece imprescindible la Educación para la Ciudadanía en bachillerato y en cambio me resulta impresentable que un estado laico costee una asignatura de religión confesional, evaluable y válida para pasar curso, con un profesorado designado o revocado por los obispos y pagado por el erario público. Pues bien, según parece la asignatura de Educación Cívica –tras muchas grotesca polémicas- va a quedar reducida en el nuevo bachillerato a una hora semanal, lo que equivale a darle una existencia…semi-virtual. Y en cambio tendremos religión evaluable, etc… Como ese panorama me parece vergonzoso, no quiero apoyar al partido gubernamental que lo propone. Tampoco puedo votar al PP, que ha dicho ineptas perrerías sobre la Educación para la Ciudadanía y es capaz de dar más horas a la religión que a matemáticas o lengua, para complacer a los obispos. Izquierda Unida es una opción ya impracticable, por culpa de Madrazo y Cía. Entonces…¿a quién voto? Si Ciudadanos plantea este tema y otros semejantes, será útil en España entera".
jueves, 9 de noviembre de 2006
el precio político
El resultado de la iniciativa gubernamental en Estrasburgo, buscando apoyo del Parlamento Europeo, tampoco es que le anime a uno mucho. Primero, por lo que revela de la propia idea que se hace el Gobierno de este asunto, al mencionar como precedente a favor el apoyo a Blair para negociar la paz en Irlanda. Por el contrario, en el caso que nos ocupa no hay dos comunidades enfrentadas, ni terroristas de uno y otro lado, ni mucho menos falta de libertades democráticas para nadie (salvo la que deriva de la coacción violenta de los etarras). Se trata más bien de un Estado de derecho tratando de liquidar a una mafia. ¿Se imaginan ustedes al atribulado Romano Prodi llevando a Estrasburgo su plan contra la Camorra napolitana -que también cuenta con apoyos y complicidades entre la población, de igual calaña que los de Batasuna- para recibir la simpatía de los demás gobiernos? Y en la tribuna de invitados, algunos capos y dos o tres abogados de camorristas... Pero además hemos tenido de nuevo ocasión de constatar la desinformación que sobre el terrorismo de ETA reina en Europa. Las intervenciones en el debate fueron memorables, que como ustedes saben viene de "memo". Para Monica Frassoni, de los Verdes, la clave del éxito del proceso son "el diálogo, la no violencia y el derecho a decidir de los ciudadanos vascos", es decir lo que llevamos décadas practicando a trancas y barrancas todos los vascos y el resto de los españoles que no ponemos bombas ni pegamos tiros en la nuca. Gracias, señora, no sé que haríamos sin sus consejos. A Jens-Peter Bonde, diputado de Independencia y Democracia, se le nota aún mejor informado: "¿Qué se puede hacer en el País Vasco para impedir el terrorismo y buscar una solución duradera en la paz? Podemos impulsar a los compañeros españoles a negociar y darles incentivos económicos. Se puede buscar una solución al terrorismo creando puestos de trabajo y bienestar". Es generoso, este Bonde: si nos portamos bien, es partidario de dar buenas propinas. ¡Y pensar que semejante cráneo privilegiado estará igual de enterado del resto de los problemas en los que cuente su voto! El señor Brian Crowley, copresidente del grupo Unión de Europa de las Naciones, se atiene a la sabiduría tradicional: "Cuando uno entra en un proceso de paz, hay que encontrar la paz con los enemigos, no con los amigos". Después, sin ducharse siquiera tras el esfuerzo teórico anterior, prosigue: "Llegar a la paz con los enemigos puede acarrear muchísimos problemas para uno mismo y su entorno". Sí, es lo que tiene. Y nada menos que Martin Schulz, presidente a la sazón del Grupo Socialista Europeo, declara a Radio Euskadi para ponerles contentos: "Europa podrá también resolver el problema vasco, porque es político, absolutamente político". ¡Vaya, otro que no se ha enterado de que no va a haber "precio político"! Por cierto, delicioso el "también": no hay problema político que Europa no resuelva en un pis-plás... En su justificación de voto, el peneuvista Ortuondo se felicitó de que por fin la Cámara mire de frente un viejo conflicto, que por no haber sido tratado como es debido en su momento ha llevado a un grupo de extremistas a la utilización de la violencia: ¡y lo dice el representante del partido gobernante en Euskadi desde hace tres décadas, por tanto, víctima declarada de la ceguera e intransigencia española! En fin, no seamos crueles, para qué seguir. Si no llega a ser por la intervención final de Rosa Díez respondiendo a Ortuondo, sería para avergonzarse de pertenecer no ya a la Unión Europea sino a la especie humana, supuestamente racional.
Volvemos a lo de siempre: el proceso es largo y difícil, confiemos en el Gobierno. No deseo otra cosa, pero me gustaría estar seguro de que hablamos todos de lo mismo. A pesar de que según Patxi López el presidente ya lo ha dejado claro "todo y para todos", los más torpes seguimos levantando la mano a ver si alguien nos contesta. La entrevista que hace poco realizó Francino a Zapatero en la SER fue tan devotamente servicial que nos enteramos de pocos secretos, pero a mí me impresionó la reiteración de ZP en mencionar los "cuarenta años" que llevamos en busca de la "paz". Nada puede ser más falso: lo que llevamos es casi cuarenta años en paz y democracia, luchando por acabar con la violencia terrorista. En estas décadas hemos pasado de los modos dictatoriales a la Constitución, ha habido dos amnistías, se han celebrado numerosos comicios regidos por una Ley Electoral que favorece claramente el peso de los partidos nacionalistas, España se ha convertido en el Estado más autonomista de toda Europa y en el País Vasco, concretamente, han gobernado sin cesar los nacionalistas (al comienzo por amable concesión de los socialistas). Aquí se ha hecho todo por la paz y hemos vivido en paz democrática todos. Todos menos los hijos de perra que han seguido matando a la gente de paz, fuesen con uniforme o sin él. Todas las víctimas del terrorismo en la España democrática han sido víctimas de la paz, no de la guerra. Y quienes les han matado luchaban contra la paz. Algunos nacionalistas de los que condenan la violencia interceden por los etarras encarcelados, arguyendo que aunque con métodos equivocados lucharon en defensa de las libertades de los vascos. Sin duda todo el mundo tiene derecho a la enmienda y debe ser ayudado si quiere enmendarse, pero debe quedar meridianamente claro que los etarras no están en prisión por haber luchado por la causa de las libertades, sino contra nuestras libertades: contra las de los no nacionalistas, desde luego, pero quiero pensar que también contra las de los nacionalistas con una pizca de decencia.
¿Va a pagarse un precio político, no a ETA, sino a los partidos nacionalistas para consolarles de la desaparición de ETA? El Gobierno dice que no y yo espero que así sea. Pero dejemos claro de qué "precio político" hablamos. ETA ha asesinado a la gente de paz para cerrar el País Vasco, para clausurarlo e impermeabilizarlo frente a España, el Estado de derecho de que forma parte. Y quienes hemos luchado contra ETA no lo hemos hecho tan sólo para acabar con la violencia, sino para mantener constitucionalmente abierto el País Vasco en y hacia España. El terror impuesto por ETA es efectivo: gracias a él, hoy se manifiestan tranquilamente los grupos abertzales dónde y cómo les apetece con sus reclamaciones sobre el "proceso", mientras el resto de la población se muerde los puños de rabia dentro de sus casas; gracias a ese miedo, nosotros no tenemos en el País Vasco un Partido de los Ciudadanos como el que felizmente funciona en Cataluña (¡enhorabuena, compañeros!). De modo que el precio político sería organizar una mesa de partidos extraparlamentaria en la que se aceptasen nuevas y quizá definitivas concesiones a los nacionalistas para blindar al País Vasco frente a España y hacerlo así invulnerable al control del Estado de Derecho, gracias al cual a los no nacionalistas no nos han devorado civilmente hablando del todo durante estos negros años. En una palabra: sería la peor de las concesiones políticas que el cese de la violencia se alcanzase gracias a que quienes ni somos nacionalistas ni pensamos serlo próximamente acabásemos institucionalmente un poco más arrinconados que antes.
Nos dicen: pero ¡algo habrá que darles! ¿A los abertzales, una vez que condenen la violencia? Desde luego: el derecho de formar un partido político en el que libremente, en igualdad de condiciones con los demás, sin coacciones ni extorsiones, puedan defender sus ideas independentistas con argumentos y sin amenazas. ¿Qué eso les parece poca cosa? Es mucho más de lo que durante estos años hemos tenido otros. Y del resto nada de nada, claro.
Publicado en El Mundo, jueves 6 de septiembre de 2007
ROBERTO L. DE CALLE
«Nuestros votantes vendrán de los hartos del nacionalismo del PSOE y el clericalismo del PP»
Fernando Savater (San Sebastián, 1947) y el partido que promueve, Unidad, Progreso y Democracia (UPD), no tienen empacho en pedir la modificación de los pilares constitucionales consensuados durante la Transición y en reclamar la abolición de los «derechos históricos» que diferencian a unas comunidades autónomas de otras. Su objetivo es fomentar al máximo la igualdad entre ciudadanos al margen de «territorios» y «orígenes», y por eso pretende desplazar a los nacionalistas de su posición de bisagra. «No puede ser que 500.000 definan lo que tenemos que hacer el resto de los españoles».
Pregunta.- ¿Cuál será su bandera electoral?
Respuesta.- Fomentará la unidad institucional de España y la igualdad de la ciudadanía. Hay una serie de amenazas y malentendidos, sobre todo en lo relativo a la igualdad de los ciudadanos. Somos partidarios de la España plural y contrarios a la España asimétrica. Hay una nación española, con diferentes culturas y tradiciones, pero sus ciudadanos tienen derecho a la igualdad.
P.- ¿No se replantean la consideración actual de España autonómica, por aquello de las diferencias entre comunidades?
R.- Lo que nos interesa es que no haya autonomías de primera y de segunda, y, sobre todo, autonomías que puedan estar infinitamente aumentando sus competencias. Nos gustaría un federalismo, una reforma constitucional que cerrara federalmente el país. Lo que no puede ser es que se haga un estatuto y permanentemente vengan unos señores a decir que eso es sólo la mitad de la mitad.
P.- Habla de comunidades de primera y de segunda. El País Vasco y Navarra, con regímenes fiscales diferenciados, ¿entrarían en colisión con sus planteamientos?
R.- Creo necesario unificar y aunar la fiscalidad del país. Estos tratamientos privilegiados incluso chocan con la legislación europea, y nosotros orientaremos las reformas constitucionales hacia ellos. Queremos modificar todo aquello que convierte al país en reo del pasado (los derechos históricos) en lugar de prepararlo de una manera igualitaria para afrontar el futuro. Y no sólo la desigualdad en ese campo, sino también en otros, como la laicidad. Un Estado debe ser laico y no se pueden seguir fomentando las desigualdades religiosas.
P.- El germen de esta Plataforma es el colectivo ¡Basta Ya! Su tránsito hacia un partido, ¿no desnaturaliza el concepto de movimiento cívico?
R.- Los colectivos cívicos hemos tenido, creo, una función importante en el despertar de la sociedad ante el terrorismo, en la elaboración del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Pero no pueden perpetuarse de una manera burocrática sin cambiar un poco de sustancia.
P.- ¿Se puede decir que su partido será, genéricamente, equidistante entre el PSOE y el PP?
R.- Preferimos el esquema progresista-reaccionario que el esquema izquierda-derecha. Porque el progreso, es decir, la lucha contra la tiranía que acaba con las libertades formales, y contra la miseria y la ignorancia, que hacen imposible las libertades materiales, se hace desde la izquierda y la derecha. Y en ambos lados hay también personas reaccionarias, como aquél que apoya a Fidel Castro, o el señor que considera que el matrimonio entre homosexuales es el mayor pecado desde Sodoma y Gomorra. Estamos en la confluencia del progresismo de izquierdas y de derechas, y, por igual, alejados de sus reaccionarios.
P.- Para el elector de a pie, ¿están a medio camino entre el PSOE y el PP?
R.- Apoyaremos las iniciativas progresistas, sean del PSOE o del PP. A mí me perturba que el discurso político del PP sea contar lo malo que es el PSOE, y que el de éste sea decir lo indecente que es el PP. Cuando haya una propuesta progresista la apoyaremos, independientemente de quién la promueva.
P.- Una de las raíces de su partido es la política antiterrorista...
R.- Con el terrorismo no hay que dialogar más que sobre la entrega de las armas, el final de la violencia, a medio plazo quizá aliviar las condenas, etcétera. Con ETA sólo se puede hablar de ETA. No hay nada que hablar en una mesa política con la amenaza de ETA. Es contraproducente. Y en el País Vasco no se puede realizar ninguna modificación o transformación del marco jurídico, no sólo mientras no haya desaparecido la violencia, sino mientras no se haya llegado a borrar el miedo que ha producido y la estela que ha dejado. Por supuesto, me parece un disparate legalizar fórmulas políticas que se convierten en una fuente de ingresos y presencia mediática de los terroristas. A la sociedad hay que indicarle que no hay más que una vía: la renuncia a la violencia y la aceptación de la Constitución. Las dos cosas. A partir de ahí, si se quieren cambiar las cosas, muy bien, todos pueden participar.
P.- ¿Cree que el Gobierno es, en cierto modo, rehén de ETA, por la posibilidad de que la banda cometa un gran atentado poco antes de las elecciones, como ocurrió el 11-M?
R.- Ese es el problema de haber jugado mal las cartas. A ETA se le ha dado una capacidad de intervención en la política nacional que no había tenido nunca. Y no sabemos cómo respondería la población a un atentado. Si se ha acostumbrado a ver a los representantes del Partido Socialista con Otegi, o a tratos de favor a De Juana Chaos, y de pronto hay un gran atentado, por mucho que se diga que todo eso ya se había acabado, puede tener consecuencias políticas. Por eso creo que el Gobierno socialista ha cambiado y está adoptando una postura de mucha más firmeza, el discurso que hace unos meses teníamos algunos y por el cual nos han llovido palos, decían que éramos crispadores, representantes de la extrema derecha en el País Vasco...
P.- ¿Y qué afearía al PP en materia antiterrorista?
R.- Ha habido una especie de apresuramiento desde el comienzo y se ha adelantado a los acontecimientos. Cuando Zapatero fue al Parlamento a decir que si cesaba la violencia se podía hablar con ETA de su disolución, el PP respondió que era una traición a los muertos y se quedó sin argumentos para seguir. Habría sido mejor ir aceptando lo razonable, pero siempre recordando que se estaba vigilante y que, si no era cierto lo que decía el Gobierno, se le iba a criticar.
P.- ¿Y sobre la articulación del Estado?
R.- El fetichismo de la diferencia me es absurdo. Que se haya pasado de considerar de mal gusto y fascista la unidad del país y, en cambio, que cualquier diferencia sea buena... No. La diferencia en sí misma no tiene nada bueno, y se ha creado que cada comunidad debe aumentar, exagerar identidades cada vez más diferenciadas y considerar a los que le rodean como enemigos políticos. Está bien que se mantengan las lenguas y la cultura de cada comunidad, pero el hecho de convertirla en obligatoria para todos, incluso creando la imagen de que lo importante es ser vasco, catalán o andaluz y no español, porque serlo es compartir cosas con otros con los que no queremos saber nada, es nefasto. Hace falta un discurso claro, no de la esencia de España, sino de que los estados de Derecho deben ser igualitarios. Los nacionalistas son muy pocos, pero hacen mucho ruido. Es bueno que se empiece a ver lo pocos que son y estoy convencido de que un discurso firme en este sentido atraerá mucho apoyo.
P.- De sus palabras deduzco que pedirán la modificación de la Ley Electoral.
R.- Sí, y no para que los nacionalistas no estén representados, sino para que no estén sobrerrepresentados. Es imposible que 500.000 ciudadanos estén definiendo lo que tenemos que hacer el resto de los españoles.
P.- ¿Firmaría usted ahora un resultado que le permitiera ser bisagra en el Congreso?
R.- Tenemos ese propósito, sí. Sinceramente. Quisiéramos tener un partido que sustituyera a los nacionalistas en esa función de bisagra. Lo que no haríamos es apoyar a un partido hiciera lo que hiciera. Queremos dar otra fórmula de gobierno posible.
P.- ¿De dónde cree que vendrá su electorado?
R.- Me hace gracia cuando los partidos se enfadan porque creen que los electores son como borregos que tienen que estar todos juntos. Un partido no tiene votos hasta las elecciones. Pero hay un dato claro: el 40% de abstención. Esa gente no es abstencionista sólo por apatía. Sinceramente, no sé de dónde provendrán nuestros votantes. Estoy oyendo cosas de los dos lados...
P.- Pues complete esta frase: si sus votos proceden del PP porque se ha escorado a la derecha, los que provengan del PSOE lo harán por...
R.- ... porque se ha escorado hacia el nacionalismo. Nuestros votantes vendrán de aquellos que están hartos del nacionalismo del PSOE y del clericalismo del PP. Los que no quieren que unos se apoyen en los nacionalistas y los otros en los obispos.
P.- ¿Quién será su candidato?
R.- No lo sé, pero yo, seguro que no. A mí me pasa como a aquellos que saben leer un mapa y hacer planes de viaje, pero no saben conducir.
P.- El paso que dio Rosa Díez invita a pensar en ella...
R.- No, una cosa es que de momento vayamos a crear una estructura básica y otra que tengamos ya las listas hechas.