"Lo que ha ocurrido esta semana en la política española confirma la teoría de Bauman sobre la vida líquida. Todo se mueve permanentemente, no hay certidumbres que perduren - ni la vivienda, ni el puesto de trabajo, ni siquiera el matrimonio-, la transformación es constante, de la misma manera que el líquido fluye sin adquirir una forma estable. Es lo que tienen las sociedades abiertas, como observó Popper, que no son previsibles, porque cada suceso genera nuevas dinámicas que, a su vez, modifican la realidad en una espiral interminable y, sobre todo, indeterminable. Zapatero ha resucitado cuando menos se esperaba, pero quizá lo más interesante sea que el actual presidente del Gobierno alumbre una nueva categoría de políticos líquidos, cambiantes, imprevisibles, es decir, que no son sólidos pero que precisamente en ello radica el secreto de su éxito. Desde luego, el dilema frente a Mariano Rajoy no hace más que confirmar esta teoría".
martes, 10 de julio de 2007
el poder no es líquido
"Lo que ha ocurrido esta semana en la política española confirma la teoría de Bauman sobre la vida líquida. Todo se mueve permanentemente, no hay certidumbres que perduren - ni la vivienda, ni el puesto de trabajo, ni siquiera el matrimonio-, la transformación es constante, de la misma manera que el líquido fluye sin adquirir una forma estable. Es lo que tienen las sociedades abiertas, como observó Popper, que no son previsibles, porque cada suceso genera nuevas dinámicas que, a su vez, modifican la realidad en una espiral interminable y, sobre todo, indeterminable. Zapatero ha resucitado cuando menos se esperaba, pero quizá lo más interesante sea que el actual presidente del Gobierno alumbre una nueva categoría de políticos líquidos, cambiantes, imprevisibles, es decir, que no son sólidos pero que precisamente en ello radica el secreto de su éxito. Desde luego, el dilema frente a Mariano Rajoy no hace más que confirmar esta teoría".
inexistentes
Desde el final de la guerra mundial, y en virtud de factores exógenos, los partidos políticos dejaron de ser lo que hasta entonces habían sido: elementos constituyentes de la sociedad política. Esta era la entidad intermediaria entre la sociedad civil, a la que los partidos interpretaban, simplificando aspiraciones colectivas de libertad y justicia, y el Estado, donde se incorporaban de modo transitorio, a través de su participación periódica en gobiernos y parlamentos. Su estudio no era materia de la teoría del Estado, sino de la sociología política.
Pero la concepción, naturaleza y función de los partidos ha cambiado por completo. Toda la excelente bibliografía del XIX sobre partidos políticos no tiene más utilidad que la de seguir empolvándose en las bibliotecas. Ni una sola de sus interesantes reflexiones es aplicable ya a los partidos actuales.
Al incorporarse de modo permanente al Estado, los partidos concibieron el mundo desde la única perspectiva que les permite contemplar su nueva situación de poder estatal. Transformando su naturaleza originaria, han devenido órganos funcionariales del Estado. La función política que antes desempeñaban la realizan los medios de comunicación y las empresas de encuestas sociales.
La antigua sociedad política, que no se puede confundir con el Estado, como hizo la filosofía marxista, ha sido suplantada por una sociedad mediática, que es la que hoy interpreta y simplifica necesidades o conveniencias de la sociedad civil.
Los medios de comunicación y las encuestas sociales son la única universidad de los partidos. Esa es la fuente de su cultura y de su programa de actuación política. Lo que no existe en la prensa o en la encuesta no existe en la realidad política que cuenta para los partidos. No se trata de una relación de jerarquía, sino de una simbiosis del poder partidista con las fuentes de la nueva riqueza mediática. Los medios de comunicación se enriquecieron desde que los fines del Estado pasaron a ser fines de los partidos.
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sábado, 7 de julio de 2007
2.500 euros por hijo
Tampoco parece tener mucho sentido elevar la presión fiscal a los contribuyentes y luego devolver recursos con transferencias directas de esta naturaleza. Y con esto entramos en otro aspecto que me sorprende del anuncio realizado por Zapatero: el trato fiscal a las familias en el nuevo IRPF. Como sabrán los lectores, la reforma del IRPF realizada por el actual Gobierno es novedosa en un aspecto respecto a las anteriores: esta vez genera no sólo ganadores, sino también perdedores. Aproximadamente el 26,1 por 100 de los contribuyentes pagarán más con el nuevo IRPF. Estos perdedores se concentran, sobre todo, en las clases medias y, especialmente en familias con hijos. Los ganadores son, sobre todo, solteros y parejas sin hijos. ¿No les parece sorprendente? Por un lado un maltrato a las familias en el IRPF y por otro un anuncio de una ayuda para los nuevos hijos. Mi opinión es que estamos ante una nueva ocurrencia del presidente".
los principios: civismo
Los principios adoptados por el Presidente Zapatero derivan de las más antiguas tradiciones políticas europeas. Es la tradición del republicanismo, que representa al Estado como un asunto público —una res publica, según la expresión latina. Es un asunto de todos, que debe orientarse según las opiniones de todos, no algo de unos pocos. En su origen, esta tradición se construyó sobre la base de ideas atenienses. Se institucionalizó en la Roma republicana, gozó de un renacimiento en las ciudades república medievales del norte de Italia, y modeló algunos de los regímenes y episodios fundamentales de la historia europea. Entre ellos se cuentan la república de la nobleza en Polonia; la república holandesa; la resistencia e independencia parlamentaria en Inglaterra; la revolución de las colonias británicas en América; y por supuesto la revolución francesa.
Aunque esta tradición suele llamarse republicana, tal vez sea mejor referirse a ella como una tradición que pone el poder en manos de la ciudadanía. Es una tradición de ‘civism’ o ‘civismo’ o ‘ciudadanismo’, en la que la empresa pública del Estado —la res publica— debe operar bajo el control de los ciudadanos y en los términos establecidos por ellos. El Estado debe ser, según otra expresión latina, una civitas: un cuerpo ciudadano al cual los cives o ciudadanos se incorporan como miembros de una empresa de cooperación. De forma más expresiva, según un término que nos llega del mundo de las ciudades-república italianas, debe ser una civitas sibi princeps: un cuerpo ciudadano que se gobierna a sí mismo. En esta organización ciudadana habrá funcionarios especiales—tal vez incluso un jefe del Estado hereditario— pero por muy importante que sea su papel, todas esas autoridades deberán desempeñar sus obligaciones según los deseos del pueblo. Tendrán que actuar, como ya he dicho, bajo el control de los ciudadanos y en los términos establecidos por ellos. Nadie tiene un poder independiente, nadie está por encima de la ley. El foro público es el tribunal de última instancia.